Los Medios Libres antes de 1994

Una mirada colectiva desde los aprendizajes en Chiapas

Por Colectivo Koman Ilel | http://komanilel.org/ | Texto publicado en la Revista Palabras Pendientes | "Comunicación y Organización Contra el Capital" número 12, Año 12, Noviembre 2016


En este texto queremos compartir brevemente la mirada de quienes, trabajando desde la comunicación, han vivido una parte del proceso de lucha en Chiapas, antes, durante y después del levantamiento de nuestros hermanos y hermanas zapatistas del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). En este largo entramado de lucha y resistencia, el diálogo es la guía para el caminar y el quehacer de nuestro movimiento por la autonomía. Así es como intentamos entretejer este texto, nosotros como colectivo de comunicación, en diálogo con distintas personas protagonistas de esta historia; en recorrido mediante su experiencia, en cosecha conjunta de sus y nuestras reflexiones.

Las voces y palabras de los y las protagonistas de este camino, se van entrelazando con las nuestras, porque su historia es la nuestra. Entrelazando corazones y trayectorias, hacemos una pausa en el camino, para mirar en diálogo sobre nuestro hombro y hacer un balance de lo que se ha venido haciendo desde hace ya algún tiempo, con la intención de develar un poco las distintas historias que han ido forjando las luchas de estas tierras, conocerlas más a fondo, saborearlas. Creemos que una de las cosas más importantes que atraviesa este diálogo es el proceso de (re)conocer, (re)apropiarnos y (re)aprender a hablar y escuchar nuestra historia, nuestra lucha y nuestra tierra; para lograr sembrar sueños y libertades, autonomías, nuevos mundos y futuros para todos y todas.

Medios para la liberación: Comunicación comunitaria y para la organización.

Comenzamos este recorrido por la historia de los medios libres y la comunicación situándonos en un momento particular de la historia de Chiapas, la segunda mitad del siglo XX, momento en que comenzó un vertiginoso proceso de cambio en las comunidades indígenas de Chiapas, en función de las transformaciones impulsadas en el marco de la construcción del Estado mexicano post-revolucionario. La política indigenista emergida del cardenismo [1] , y la búsqueda de incorporar a las comunidades indígenas al proceso de construcción del Estado moderno, impactarían fuertemente en la forma y medios de comunicación, hasta entonces primado por la oralidad, que desde sus profundas raíces prehispánicas, había sido la principal forma de comunicación entre las familias, los parajes y las comunidades.

Los cambios que se dan a nivel político y social por supuesto transforman los ejercicios de la comunicación. Es así como se comienzan a dar experiencias de comunicación comunitaria como lo fue el teatro, en aquellos años estrechamente ligado al Instituto Nacional Indigenista [2]. Éste, jugó un importante rol en el impulso de proyectos de recuperación de tradiciones culturales en comunidades y pueblos.

Surgidos al calor del INI, los grupos de teatro pasarían luego a tomar una perspectiva mucho más crítica, convirtiéndose en una valiosa herramienta para la toma de conciencia sobre la discriminación racial y el pensamiento colonial, y como medio de politización de los pueblos indígenas.

Mercedes Olivera, historiadora y activista social, nos cuenta un poco acerca de esto: La forma de esta etapa es la comunicación oral, directa, principalmente porque no había otra forma. [...] Viví directamente en los setentas, la experiencia de los grupos de teatro indígena que hicimos; eran dos tsotsiles, dos tseltales, uno chol y uno tojolabal. [...] El teatro fue un instrumento maravilloso para este trabajo, para este objetivo, y fue el despertar de una forma de expresión diferente.

Así mismo el INI impulsó el trabajo de grupos de teatro guiñol, que acompañaban campañas de salud y alfabetización. El teatro petul fue un teatro de títeres en un inicio impulsado por Rosario Castellanos, escritora y promotora cultural de Comitán. Al respecto de esto nos cuenta Francisco Álvarez, participante en el proyecto y posteriormente fundador de Sna Tsibajom, la casa del escritor de San Cristóbal de Las Casas: Los niños adoraban a los muñecos, se reían, y la risa misma servía para dar mensajes, al principio un poco didácticos y también para invitar a los profesores mestizos a que no faltaran tanto, a que realmente cumplieran con su labor, porque hacíamos un simulacro de lo que pasaba en los parajes, que los maestros nomás llegaban de martes a jueves. Lo que queríamos era que prevaleciera el idioma porque se estaba perdiendo rápidamente, se menospreciaba mucho el idioma. También fue importante la participación de las mujeres. Escribimos por ejemplo la obra de “todos para todos”, dónde se describía el sufrimiento de los animales, el sufrimiento del medio ambiente, las injusticias territoriales y también la injusticia racial.

Pero la entrada vertiginosa del Estado no fue el único proceso de transformación importante. Desde la década de 1960 comienza un fuerte proceso de organización en las comunidades que tiene como antecedente el impulso de lo que se conoce como Teología de la liberación (TL) [3]. La TL es una corriente católica que buscó redefinir los campos de acción y reflexión de la Iglesia y el trabajo pastoral, desde abajo, para tratar de posicionarse en las luchas y discusiones del emergente y confuso Siglo XX de pos guerra.

Esta corriente se introdujo en Chiapas gracias a las acciones, que el Obispo Samuel Ruíz García llevó a cabo desde la diócesis de San Cristóbal. El giro en la acción pastoral llevó a la creación de una inmensa red de catequistas provenientes de las mismas comunidades indígenas, que fueron guiados en la máxima de que la Palabra de Dios se tendría que interpretar y vivir en la cotidianidad social y religiosa de las comunidades, lo que impulsó un más profundo análisis de la realidad y la cercanía con la teoría social y la reflexión crítica. Esto generó, entre muchas otras cosas, el acercamiento de la Diócesis hacía el pueblo pobre y oprimido, uno que pronto se convirtió en un pueblo animado para buscar la liberación.

Este impulso organizativo tuvo su florecimiento en octubre de 1974 cuando se organizó en la ciudad de San Cristóbal el Congreso Indígena Fray Bartolomé de Las Casas [4]. Allí, las distintas etnias chiapanecas pudieron hablar por primera vez de la problemática social que las aquejaba. A partir de las discusiones que tenían como ejes: tierra, comercio, educación y salud; ch´oles, tojolabales, tseltales y tsotsiles se descubrieron mutuamente como semejantes, a partir de un nexo común: la problemática que los mantenía como sociedades marginales. Se comenzó a hablar entonces de pueblos herederos de los mayas, despojados y empobrecidos por las estructuras sociales injustas a las que han sido sometidos.

El congreso se dio bajo la consigna de que los pueblos mismos tenían “que ser Fray Bartolomé”, es decir, generar las condiciones para que ellos mismos pudieran defenderse de las injusticias. En ese proceso la comunicación jugó un papel muy importante, e incluso como parte de las demandas del Congreso, “se acordó sacar un periodiquito que se llamaba Sc´op jlumaltik (la voz del pueblo) que se editaba en las cuatro lenguas de los y las que asistieron al congreso”, según nos cuenta el activista y escritor, Gaspar Morquecho.

A pesar de que este esfuerzo no se mantuvo por mucho tiempo, la diócesis siguió impulsando un proceso de comunicación a partir de la Revista El Caminante, que acorde con Jorge Santiago, acompañante desde hace tiempo de las comunidades organizadas “era un órgano interno que apoyaba en el trabajo de la pastoral y de otras más organizaciones que trabajaban desde esta perspectiva de lucha por la liberación”. Esta revista informaba y reflexionaba de los temas del campo desde la perspectiva de quienes trabajan y luchan por la tierra, y también sobre la represión hacia los campesinos y las campesinas.

Este ejercicio de información/reflexión hizo ebullición durante esos años en los que se impulsó el desarrollo de varios movimientos y organizaciones, momentos en que se alimentó la organización de base en las comunidades. El Congreso del ‘74 logró de alguna forma unificar y potenciar los impulsos organizativos, tal y como lo ejemplifica la creación de la Unión de Ejidos Ach Quiptic ta lecubtesel [5] , y las organizaciones campesinas Unión de Ejidos Tierra y Libertad y la Unión de Ejidos Lucha Campesina. Es así como estos años quedaron marcados por el desenvolvimiento de un torrente de lucha [6] en la historia de Chiapas.

Los procesos de comunicación comunitaria que se han desenvuelto a lo largo del tiempo, ayudaron en la lucha y organización de las comunidades. Por eso nos parece importante rescatar la historia de esta comunicación revolucionaria que apoyó en el proceso de construcción de un movimiento social en búsqueda de la liberación; que buscó a través de las cosas sencillas generar contenidos para ser compartidos y reflexionados, y con ello generar conciencia hacia dentro de las mismas comunidades.

Interpretamos este proceso de esta manera siguiendo a Jorge Santiago, quien ve este ejercicio de comunicación comunitaria como algo que permitió, que el proceso organizativo tuviera una visión cada vez más estructural, ya que la reflexión/información ayudó a comprender que hay un sistema-mundo y cómo se va constituyendo una determinada estructura social. Esto fue permitiendo hablar de lo ideológico, de lo político, de lo económico; de los ricos y los pobres, de la explotación, del sistema capitalista, de las luchas de clases y de la historia de Chiapas desde todas estas dimensiones. Poco a poco todo esto fue dando pie a la construcción de un movimiento social de organizaciones indígenas y campesinas con mucha fuerza a lo largo y ancho del estado [6].

Después de la segunda mitad de los setenta se constituyen diversas organizaciones como la OCEZ [7], la CIOAC [8], y comienza lo que Mercedes Olivera denomina como el “verdadero movimiento por la tierra”, un auge en la toma de tierras, que se generaliza en varias partes del estado, y que a diferencia de la movilización por la tierra que hasta entonces había sido emprendida principalmente por una política de estado, estas tomas de tierras se hacían como muestra del poder organizativo campesino. Este proceso tuvo que ver mucho con la comunicación y la capacidad de movilizar a los pueblos para la recuperación simbólica y material de la tierra y territorio. La palabra tocó el corazón y abrió la conciencia de lucha por la tierra; la palabra se volvió organización y vio nacer a las organizaciones indígenas y campesinas de Chiapas.

Como parte de este proceso concientizador, desde mediados de los años setenta y principios de los los ochenta, se comenzaron a generar materiales de información y reflexión, trabajados desde sectores cercanos a la diócesis y a las organizaciones campesinas. A pesar de que en estos tiempos el alfabetismo no era algo muy común en las comunidades, estos escritos servían para hacer llegar la información hacia las comunidades, que posteriormente se distribuía y analizaba en reuniones y asambleas en las que participaban hombres y mujeres.

Uno de estos instrumentos que se utilizó desde finales de los años setenta fue la revista El Perico inspirada en una publicación colombiana que se llamaba El Cóndor. El Perico ayudó a visibilizar cuestiones estructurales, señalando cómo operaba el sistema de represión, los factores de poder, cómo se configuraba ese poder a partir del despojo y de la explotación. El perico se siguió publicando durante algunos años, abordando temas importantes y urgentes como la presencia militar en Chiapas, la apropiación de los recursos estratégicos y también el entendimiento de lo que es la geografía de Chiapas y su historia.

El Perico no sólo fue un importante medio de comunicación y análisis, sino que además favoreció la formación crítica de militantes(as), tanto en comunidades como en el ámbito urbano. Al respecto Jorge Santiago reflexiona: “nunca pensamos que las reflexiones y el análisis que hacíamos fueran sólo una cuestión de estudio para saber, sino una cuestión de estudio para actuar, para instrumentar la información, porque ¿de qué te sirve tener la información si no actúas”.

En ese mismo tiempo también se crearon los Cuadernos campesinos de los cuales nos cuentan Jorge Santiago y Estela Barco, quienes desde hace años colaboran en DESMI [9] y participaron de cerca en este proceso de sistematización, a partir del cual se produjeron materiales de “información y análisis sobre el Estado, sobre lucha de clases, la historia de Zapata, otro sobre las mujeres y otro sobre el campesino mismo. También se produjo una historia de Chiapas, en términos de resistencia, de las rebeliones de los pueblos que siempre han estado presentes en la historia.

Sobre esto, Jorge Santiago nos comenta lo siguiente: Este proceso dio la base para decir ‘hay un sujeto’, y ese actor tiene recursos. La conciencia no es algo dado o que viene sólo de una formación, sino de una posición, la del trabajador.

Esa fue más tarde también la idea de ‘la riqueza que producimos los pobres del campo [10]’; es decir, ‘somos los productores de la riqueza, no somos los pobres. Somos los productores del maíz, de la caña, del café’. Es decir ‘somos sujetos, somos creadores, tenemos capacidad’. Entonces en la medida que somos eso, somos capaces de producir sistema, de ser alternativa. Estos textos son una historia de reflexión de esta lucha”.

Otra experiencia de un medio impreso surgido de un proceso organizativo fue el periódico Nuestra Palabra que empezó a realizarse en 1985 y se hacía a manera de taller, según nos cuenta Estela Barco: Se convocaban a representantes de las parroquias de la Zona Altos, de la Zona Norte, del Sureste y de la Zona Selva para que buscaran las noticias de lo que estaba pasando en su región. Se hacía un análisis de la realidad junto con ellos y después se trabajaba en la impresión de textos con lo que se había dicho, para luego empezarlos a difundir dentro de las comunidades a manera de boletín. Era una doble tarea: ver lo que sucedía en sus pueblos, explicarlo, regresar con el boletín, hacer la sesión con las comunidades y también recoger qué pensaba la gente de toda la información que aquí se compartía.

Estela cuenta también que “costaba un peso cada boletín, la gente pagaba por él, tratábamos de que se autofinanciara y cooperábamos entre todos para los gastos. Trabajamos en esto hasta 1993. Para entonces la sed de saber qué pasaba más allá de su comunidad y entender la situación generó la conciencia para organizarse porque ya era un espacio de la misma gente y esto ayudó mucho para que se organizaran mejor”.

Durante esta década de los ochenta se da también un proceso importante en la historia de Chiapas que tiene que ver con la población refugiada que comienza a llegar al estado desde Guatemala debido a la guerra que se vivía en su país. Este proceso tuvo un gran impacto en la toma de conciencia y en la maduración política. Como parte del acompañamiento a los refugios que tenían algunas organizaciones en Chiapas, se comenzaron a realizar proyectos de comunicación en la radio indigenista que se había fundado en el estado [11]. Mercedes Olivera nos relata su experiencia trabajando en ese proceso: Otra experiencia que yo tuve de comunicación fue con las mujeres refugiadas de Guatemala, en Chiapas. Eran programas de radio en las lenguas indígenas guatemaltecas y en español. Todo dentro del proceso de lucha del pueblo guatemalteco y muy dirigidos a las mujeres, porque, el trabajo que hacíamos nosotras era trabajo para abrir espacios para que las mujeres participaran en las decisiones del refugio, en las asambleas donde se tomaban las decisiones, propiciar que hubiera representantes mujeres dentro de la comisión de refugiados, que era como se llamaba la estructura política de los refugiados. A través de la radio fue entonces que se impulsó la elección de las compañeras que fueron representantes en ese organismo del refugio.

Para cada transcurrir en la historia ha habido un medio de comunicación. Así es como cada organización, cada necesidad del contexto, cada movimiento social, siempre ha buscado generar estrategias de comunicación propias. Es por eso que además de estas experiencias que resaltamos, es importante no pasar por alto que prácticamente todas las organizaciones campesinas tenían sus propios órganos internos de difusión. Como lo cuenta Gaspar Morquecho, las organizaciones campesinas tenían sus propios medios impresos dirigidos a los(as) militantes(as), en los que se difundía la línea política y se daban noticias e información organizativa.

Las organizaciones durante estos tiempos fueron madurando y constituyéndose de base en diferentes espacios y territorios. Pero estas organizaciones y este impulso liberador no sólo se dedicó a construirse por sí mismo, sino que logró también generar una gran capacidad de disputa frente al Estado. De esta manera, interpelando al poder, buscaron una salida a sus denuncias y demandas, logrando construir medios de difusión también hacia afuera, que magnificaran las voces.

Es así como paralelamente, y en relación con estos procesos organizativos y medios de comunicación comunitarios, ya desde finales de los años sesentas comienza a haber también en Chiapas un periodismo alternativo, surgido por la necesidad de hacer medios propios frente al fuerte control político por parte del Estado. Otro tipo de medios que se estructuraron principalmente a partir de una necesidad y una capacidad de denuncia. Estos medios contestatarios fueron el semanario Tiempo nacido en el año de 1968 y el Diario Hoy creado en 1983 de circulación diaria, ambos fundados por la familia Avendaño-Villafuerte.

Al respecto de esto, Concepción Villafuerte, una de las fundadoras del periódico Tiempo, comenta en una entrevista que años atrás le realizó La Jornada [12]: La actividad era abrumadora. Se formateaba a tipo suelto, letra por letra, durante 48 horas-hombre. La parte más difícil era el financiamiento, ver los anuncios y la circulación. No había voceadores, pues no existían periódicos. No podíamos ni sabíamos informar sobre la lucha social, nos concretábamos a la situación local, pero cada vez había más información de los pueblos indios.

Uno de los colaboradores del periódico Tiempo fue Alejandro Ruíz, quien en ese entonces tenía un taller de bicicletas y en su tiempo libre salía para cubrir los acontecimientos y redactarlos en notas para el periódico de la familia Avendaño-Villafuerte. Según Alejandro para la época de los ochenta el acceso de los pueblos a los medios de comunicación era muy reducido: Si de por sí habían pocos medios de radio y periódico, a ellos no les gustaba abordar temas difíciles, menos de problemas indígenas, de problemas campesinos, porque sabemos que aquí en San Cristóbal es muy acentuado el problema del racismo y ¿dónde iban a tocar temas de los indígenas apestosos y revoltosos, no?

Alejandro cuenta también que llegaban los indígenas, los campesinos y decían: -“oye, ¿cuánto me va a cobrar?”- “No pues, aquí no te cobro nada, tráeme información si lo que necesitamos es información”, les contestaba Amado Avendaño, compadre de Alejandro: El único medio en ese entonces que le daba espacio a los grupos indígenas, a los grupos de campesinos, era precisamente el periódico.

Para esta época se acelera el interés de controlar los bienes que posee Chiapas, cuya ubicación geográfica es de suma importancia por ser frontera y por tener recursos naturales tales como la fuerza hidráulica, los bosques y selvas, la riqueza del subsuelo, en donde se encuentran minerales y el “oro negro”, el petróleo. Por lo tanto se intensifica el proceso organizativo de los pueblos y comunidades en defensa de su tierra y territorio [12]. Se empieza también un proceso de persecución política, intentando desestructurar la organización social, llegándose incluso a la modificación del Código Penal, para criminalizar la protesta social durante la gestión estatal de Absalón Castellanos y más adelante también con la de Patrocinio González Garrido.

Este clima de represión llega también de manera fuerte a los medios de comunicación por lo que se tiene que cerrar el periódico Hoy y sólo continuará el semanario Tiempo. Llega la década de los noventa en un estado convulsionado por la situación social, política y económica. Lo que va a reflejarse también en un aumento de beligerancia en la organización y de aumento en la capacidad organizativa y de movilización de las comunidades y pueblos [13].

Esos son los años en los que amanece el 1o. de enero de 1994, pero esa ya es otra historia [14]. Gran parte de quienes nos han dado su palabra aquí se sumó activamente al proceso de lucha impulsada por el Zapatismo, cada quien según su modo y su manera. Todos estos momentos de historia de organización de los pueblos significaron grandes aprendizajes y procesos que nos traen hasta el día de hoy. [15]

Una de las mayores importancias de este torrente de lucha en Chiapas para el tema de la comunicación, es el haber generado la necesidad de análisis y reflexión, y con ello la creación de conciencia para comunicar la necesidad de cambiar la situación, las ganas de transformar el mundo. Esta “comunicación liberadora” ha permitido construir un ser humano crítico, que observa y reflexiona, pero sobre todo que se acciona en el mundo, que activamente construye su sociedad.

Dice Jorge Santiago: Uno de los puntos claves de la comunicación, es que la generen quienes realmente quieren la transformación. Así diríamos que somos medios libres. Porque creo que es un poco difícil crear la palabra libre, la palabra liberadora. Porque solamente en colectivo y comprometidos con algo qué construir, creas la palabra liberadora, la que establece la dinámica humana, inteligente, de ver el mundo con libertad. De colocarse ante el mundo con libertad y que te da la capacidad de establecer en ti mismo, generar en ti mismo esta acción libre.

Los medios libres de comunicación son parte de los movimientos de personas reales que no buscan más que la vida digna en paz, fuera de la opresión del estado, de los partidos políticos o de los empresarios y de los caciques. De eso emerge la necesidad de enunciar, de comunicar, de lograr generar conciencia. De no sólo ser repetidores de las situaciones, de las noticias, sino tener la capacidad de la previsión, de lograr que la información propicie las ganas de reflexionar para no ser objetos de la historia.

Tal y como nos siguió diciendo Jorge Santiago “esta posibilidad no se da como alguien que tiene la visión en sí, sino que se da como producto de la reflexión”. Si no hubiera habido colectivos de reflexión no se hubiera producido ningún instrumento, no hubiera habido posibilidad de decir ¿qué hacemos? En el final de los videos de DESMI dice: “El Café: La riqueza que producimos los pobres del campo” termina diciendo: “¿y quiénes van a cambiar esta situación? ¡Nosotros organizados somos capaces de cambiar esta situación!” Eso es un medio libre, “el que produce sujetos”, el medio liberador”.

La historia de lucha en Chiapas nutre y define nuestro posicionamiento como medios libres que crean comunidad, se crean a sí mismos y alzan la voz con fuerza y contundencia. Esta herencia nos hace ver, sentir y entender la comunicación como principio fundamental para la toma de conciencia y organización. Esta herencia nos llama a ser “medios liberadores”, aliados y parte, en la maduración política, en la toma de consciencia y organización, no solo como resistencia y demanda ante los poderes de facto y el Estado, sino en la transformación de la sociedad, como lo vemos fundamentalmente en los últimos 40 años de construcción de una(s) alternativa(s) autónoma(s) de producción y reproducción de la vida.

Esos son algunos de los aprendizajes del transcurrir de la historia de la comunicación en Chiapas previo a 1994. Un transcurrir en pasos que se siguen dando, entretejiendo corazones, reinventando mundos. Mercedes Olivera nos comparte un concepto náhuatl, mekayólotl (mecate de corazones) que nos identifica. Estas formas de comunicación son precisamente eso, un mecate que une los entusiasmos, las decisiones y, finalmente, los corazones, que llega al alma, a la conciencia, a la acción transformadora y liberadora.

Estos aprendizajes han dejado en nuestra consciencia el transcurrir de nuestro camino en la historia, de nuestra espiral en el tiempo. Consciencia que no habría sido posible sin esa cultura que resiste y se mantiene alegremente viva; que nos enseña que en nuestras luchas los resultados son nuestros procesos y que hay que ir paso a paso porque el camino es largo.



Notas

[1] Este proceso implicó, por un lado, un espacio jurídico para intentar disminuir la explotación que sufrían los pueblos indígenas desde hacía casi 500 años, tales como la ley de liberación de mozos, la apertura de la reforma agraria y el acceso a la educación, pero por otro lado significó la entrada del Estado, sus instituciones y su ideología en las comunidades.

[2] El Instituto Nacional Indígena (INI) se hizo presente desde principios de la década de los ‘50 con la instalación del “Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil”. A grandes rasgos, el indigenismo consideraba que los pueblos indígenas vivían en un estado de marginación y exclusión, y por ende, debían ser “integrados” al proceso de “desarrollo” mediante la enseñanza e implementación de la lengua española, programas de salud y un programa de civismo que permitiera establecer lo que sería la cultura nacional, el ser mexicano.

[3] Esta corriente surgió en parte de aspectos discutidos en el Concilio Vaticano II y la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín (CELAM). Jan de Vos sintetiza en 6 puntos la diferencia entre la teología de la liberación y la teología hasta entonces vigente: 1. un punto de partida diferente: un mundo injusto; 2. un interlocutor diferente: el pobre o marginado; 3. unas herramientas diferentes: las ciencias sociales; 4. un análisis diferente: una sociedad en conflicto; 5. una manera diferente de comprometerse: la alternancia dialéctica entre reflexión y praxis; 6. un centro teológico diferente: el amor preferencial de Dios por los oprimidos” (de Vos, 1997:92).

[4] El evento se organizó en conmemoración de los 500 años del nacimiento de Fray Bartolomé de Las Casas. En un primer momento, la organización estaba en manos del gobierno del estado, sin embargo, la diócesis termina siendo la organizadora del evento y propone como objetivo “dar voz a los que por años no habían sido escuchados, dar voz a los sin voz” (Sánchez Franco, 1999:85). Para leer más sobre el congreso un interesante artículo de 1995, de Antonio García de León “La vuelta del Katún; Chiapas: a veinte años del Primer Congreso Indígena”. Disponible en: http://www.revistachiapas.org/No1/ch1leon.html

[5] La Quiptic ta Lecubtesel es una organización surgida en la selva lacandona agrupando gente de distintas zonas. A partir de esta organización se generaron impulsos de creación de organizaciones por varias partes del estado que comienzan a tener mucha fuerza, “diríamos que el fruto del congreso se convierte en organización en las comunidades, pero también en beligerancia” (Jorge Santiago, entrevista). Para ahondar más al respecto del proceso de la Quiptic (De Vos, 2002:245)

[6] Para conocer más sobre la historia de lucha escucha los programas de radio del festival de la memoria que se llevó a cabo en conmemoración del 29 aniversario del EZLN: http://festejemosrecordando.blogspot.mx/

[7] Organización Campesina Emiliano Zapata con un enfoque social del tipo materialista, con bases marxistas, surge en la parte norte del estado en Huitiupán, Sabanilla, extendiéndose hacia la selva y luego Venustiano Carranza (Mercedes Olivera, entrevista).

[8] A partir del ‘74 al ‘77 la CIOAC, una organización del Partido Comunista de esa época que entra a trabajar en el movimiento campesino. Sin embargo, “la reivindicación de la tierra se va volviendo muy circunstancial, se considera como objetivo lograr constituir ejidos y no una lucha más profunda, a tal grado que la CIOAC decae después de que se da la distribución de los ranchos” (Mercedes Olivera, entrevista).

[9] “Desarrollo Económico Social de los Mexicanos Indígenas”, una organización que acompaña proyectos en comunidades indígenas y campesinas desde hace más de 40 años.

[10] Se refiere a una serie de cuadernos y de videos que se produjeron durante los 80 por DESMI.

[11] El INI fundó “La Voz de la Frontera Sur” en 1987 en Las Margaritas, Chiapas.

[12] Entrevista con Concepción Villafuerte disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2003/06/02/articulos/58_conchita.htm

[13] Es de destacar que el 17 de noviembre de 1983 se instala el segundo núcleo guerrillero Emiliano Zapata de las Fuerzas de Liberación Nacional, en la selva lacandona. Lo que será padre-madre del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Para conocer más de esta historia:
http://komanilel.org/2011/11/17/a-28-anos-del-nacimiento-del-ezln/

[14] La conmemoración de 500 años de resistencia indígena marcan un momento de ebullición organizativa en Chiapas porque para 1992 se demuestra la gran fuerza que tiene el proceso organizativo con grandes movilizaciones, además surge el “pueblo creyente” se da el nacimiento de Las Abejas, Nace también la Xi´Nich, todo esto en el marco de la modificación del artículo 27 de la constitución.

[15] Para el EZLN el periódico Tiempo se volvió una especie de órgano de difusión de sus comunicados, después de que Amado Avendaño entrara como Gobernador en Rebeldía en 1994 tiempo se volvió una revista especializada en zapatismo, hasta que dejó de existir en el año de 1998 para dar paso a la Foja Coleta que hasta la fecha se sigue produciendo. Para conocer más de la historia de Amado Avendaño como gobernador en Rebeldía
http://komanilel.org/2011/10/25/levantamiento-zapatista-a-travesde-la-palabra-de-don-amado-avendano/
y un Artículo de Gaspar Morquecho
http://alainet.org/active/55975&lang=es