Las frecuencias libres

Antecedentes de los medios libres

Por Radio Zapote | http://radiozapote.org/
Texto publicado en la Revista Palabras Pendientes | "Comunicación y Organización Contra el Capital" número 12, Año 12, Noviembre 2016



En el año 2001 existieron pocas radios libres que habían emitido señales de la FM en frecuencias que se encontraban sin señal entre las estaciones comerciales. Se habían estado dando diversas experiencias coyunturales, organizadas y experimentales. Sectores juveniles, estudiantiles y ciudadanos habían estado construyendo colectividades que practicaban radio bocina y transmisiones de baja potencia en FM, para lograr hablar y difundir diversos aspectos de la cultura social y política que en ese tiempo no eran tocados por la radio convencional en FM y en AM en México. Varias de estas iniciativas habían terminado en represión, destrucción del equipo de transmisión e imputaciones de delitos, algunas otras habían existido algunos meses y desaparecerían por falta de apoyo y de equipo.

Como otras prácticas de la cultura juvenil, estas radios habían surgido de una serie de colectividades que no encajaban en las organizaciones colectivas de la época. Fueron expresiones de disidencia dentro de las disidencias aceptadas en los núcleos de izquierda social y electoral.

La radio en las escuelas y en las plazas comienza de manera simple y precaria con un equipo de sonido, alguna vieja bocina y un micrófono. Elementos conocidos y usados para hacer comentarios, mandar saludos, simular locuciones de radios comerciales y fundamentalmente para poner música de estilos marginales que nunca aparecerían en las estaciones pop del FM. Este tipo de ejercicio en plazas públicas y explanadas de escuelas es uno de los antecedentes cercanos de transmisiones de radio libre y comunitaria que surgirían después en el Distrito Federal.

Este tipo de ejercicios de radio, con y sin transmisores de FM fueron llevados a cabo por personas que con una actitud abierta socializaron ese conocimiento técnico y se dedicaron a transmitir, ser parte de programaciones, impulsar colectividades y sobre todo, dedicar varias horas de sus vidas a llevar a cabo un experimento arriesgado y sin certeza sobre la eficacia de su práctica. Sin duda estos fueron ingredientes de una mezcla que fue profundizando la ruptura con los medios de comunicación monopólicos en México, cargada de antecedentes políticos que definieron el rumbo del país en momentos críticos; un ejemplo fueron las elecciones de 1988, un antecedente central en la crítica hacia el papel de los medios hegemónicos en sincronía con los intereses del estado y la clase política en la época de la dictadura del partido de estado (Partido Revolucionario Institucional).

La necesidad de llevar la verdad, difundir una versión diferente y crítica de los hechos, incluso sin las mejores condiciones para hacerlo, y entrar en competencia con el apabullante poder de la televisión mexicana, en cuanto a enajenación de la conducta de los ciudadanos y en el encubrimiento o el maquillaje de información resulta fundamental para la vida pública. Generó la búsqueda de una práctica de organización política diferente que pudiera ser eficaz frente a la mentira del poder. Ya no sólo se trataría de lanzar consignas contra los edificios de la prensa vendida en las marchas, sino hacer algo organizado, real y cotidiano, para contrarrestar ese poder.

Personas, pueblos y comunidades que conformaban la izquierda de esa época, contaban también con toda la historia de la comunicación popular de los movimientos revolucionarios latinoamericanos y conocían múltiples formas de hacer llegar un mensaje a la población. La idea de la agitación, la propaganda, conceptos como la contra información o el periodismo de investigación no les eran ajenos.

Las imprentas tenían gran importancia en una época en donde carteles y volantes circulaban por las calles, periodistas críticos y combativos se encontraban en los medios de comunicación de la época dando batalla, mientras que las prácticas de reflexión colectiva y análisis de la situación eran en gran medida presenciales; las convocatorias llegaban a la gente de boca en boca y se desconfiaba de elementos susceptibles de ser vigilados como en el caso de las líneas telefónicas.

A partir de 1994 y hasta la realización de la Marcha del Color de la Tierra en 2001, el zapatismo rompe con el discurso mediático de control político de una manera eficaz, enérgica y poética, trayendo de vuelta la palabra ancestral de los pueblos indios y redimensionando un discurso que no pudo censurar el cerco mediático de la época; ya que tuvo tal frescura y atención alrededor del mundo que los medios masivos tenían que reproducirlo para mantenerse en el esquema de las ventas de actualidad.

La comunicación zapatista y su capacidad de crear nuevas figuras de la lengua para llamar a un grito ancestral de emancipación tomaron forma en comunicados, partes de guerra, frases, acciones y gestos que se volvieron un ejemplo que poco a poco fue permeando las formas de la cultura de reivindicación política; comenzando con la música, la gráfica y la acción informativa. El zapatismo puso de nueva cuenta en tela de juicio el papel de la palabra, de la verdad y del valor de ésta en cuanto a qué significa realidad y compromiso común.

Una de las 13 demandas del zapatismo es la de la comunicación, en torno a esta demanda se desarrollan de manera organizada y de modo inherente muchas de las experiencias que conciernen a la forma de incidir, de dar a conocer las iniciativas y la palabra del zapatismo. Estas fueron retomadas por diversos actores que en esa época van siguiendo y divulgando la fuerza de la narrativa rebelde y reivindicativa del mundo indígena.

La radio libre y el video se convirtieron en las dos vertientes de apropiación de los llamados medios electrónicos de comunicación, junto a la fotografía; los más accesibles para la época, elementos tecnológicos que en realidad pocas personas poseían y sabían usar. El zapatismo es un impulso enorme de apropiación de estos medios ante la necesidad de mostrar la gravedad de una guerra contra el EZLN, haciendo esto de manera global causando solidaridad inmediata y una repercusión global, que tenía que filtrarse o infiltrarse a los medios masivos y que fue una de las maneras más efectivas de denunciar la situación en el país.

El sistema político mexicano, acostumbrado a controlar la información e imagen de México en el extranjero, no pudo soportar una avalancha de imágenes, testimonios y entrevistas visualmente atractivas y potencialmente subversivas. El ejercicio de una comunicación independiente fue haciéndose más notorio a medida que se conocía la verdad del México recién estrenado en el Tratado de Libre Comercio (TLC).

El control político sobre la prensa y el periodismo hizo agua en muy diversos aspectos. La crisis de la credibilidad del sistema político-mediático en el país daría como resultado el nacimiento de un movimiento social que reclamaría el uso del espectro radioeléctrico y el uso de los medios electrónicos de información, como una necesidad en la búsqueda de una posible democracia y exigiría el uso de estos medios con y sin permiso.

Para el año 2001 la acumulación de las experiencias, conocimientos y la sobrevivencia a diferentes entornos de represión y acallamiento daría más claridad a la práctica de la radio libre. La cercanía de diversas experiencias inspiró a la combatividad a diferentes colectivos y agrupaciones, para implementar la práctica de la información y el manejo de los medios posibles a su alcance en situaciones de lucha y resistencia concretas.

Antes de la llegada del concepto de la frecuencia libre –que propone la reivindicación del espacio radioeléctrico como un derecho social y político de las audiencias, para llevar a cabo transmisiones en vivo–, la radio libre se percibía más como una acción peligrosa y que podría ser severamente sancionada dado su carácter ilegal. El video de propuestas alternas de información se divulgaba sólo en espacios públicos y se vendía en cintas de Video Home System (VHS) que permitían acceder a informarse y a comprender la situación a través de documentales; sin embargo, el acceso al uso de las frecuencias de la televisión se percibía como algo muy lejano.

Dada la magnitud de la Marcha del Color de la Tierra, la cobertura de medios era inmensa y parecía no haber necesidad de que medios marginales informaran, sino más bien que ayudaran a la presión para una información veraz difundida por los grandes medios. El ejercicio de hacer una radio colaborativa y no comercial parecía destinado a no trascender.

Cuando Radiozapote irrumpe en el FM en dos frecuencias 94.1FM y 102.1FM, difundiendo de manera directa, sin cortes comerciales y 24 horas al día, la prensa comercial no pudo sino reclamar airadamente que una instancia había roto la lógica del mercado mediático en torno al tema y al manejo político que se pretendía dar a la lucha zapatista.

La información que se daba a conocer era pública y estaba a disposición de todos, no había primicias y una competencia encarnizada por la información quedó neutralizada; los medios comerciales estaban escandalizados porque el manejo de la información no estaba siendo controlado por profesionales, sino por pueblos indígenas y la sociedad civil organizada, quienes podían hablar sin cortapisas y sin presión de entrevistadores profesionales interesados por la explotación comercial del tiempo radiofónico.

Ante el supuesto perfeccionismo tecnológico de los medios masivos, se opusieron los errores de pronunciación, de ortografía, técnicos, de manejo del tiempo; estos supuestos errores que debieran ser evitados por profesionales de la comunicación vendrían a mostrar una experiencia radiofónica enriquecida por el factor humano, generando una inmediata empatía y comprensión de la audiencia escuchando la expresión y las demandas de los pueblos del México real. Todas estas condiciones inaceptables para la narrativa de los mainstream media.

Al momento del surgimiento de Radiozapote desde la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), las experiencias y las personas ya estaban preparadas para transmitir y escuchar un medio de este tipo, faltaba sólo el ingrediente que pudiera impulsar un ejercicio de rebeldía. La marcha del color de la tierra fue el momento más adecuado para hacerlo, colocando el tema de la radio libre y comunitaria en la vida pública y rompiendo en los hechos la intocable hegemonía de la radio comercial y el cerco político-mediático. No hubo necesidad de tapar o montarse sobre ninguna estación de radio, tampoco de tomar ninguna instalación de radio comercial, sólo de usar las frecuencias que no tenían un uso en el FM y liberarlas, declararlas un bien público y reclamar el derecho de la gente a usarlas. Esto es una parte de la historia de los medios libres que ahora se conoce como la insurgencia radial.