Entretejidos organizativos para la comunicación libre

Por Agencia Autónoma de Comunicación Subversiones | http://subversiones.org/
Texto publicado en la Revista Palabras Pendientes | "Comunicación y Organización Contra el Capital" número 12, Año 12, Noviembre 2016



El 27 de noviembre de 2010, las televisiones, radios y periódicos de todo el país se saturaron de imágenes y relatos de la boda del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, con la actriz de televisa, Angélica Rivera. El maridaje de los medios corporativos de comunicación con las cúpulas del poder político se presumió con bombo y platillo. Fue una estrategia que logró su cometido: el regreso del PRI a la presidencia y la renovación, con mayor firmeza que nunca, de una peligrosa alianza entre estos poderes.

La escena no fue de ninguna forma disruptiva, la complicidad e incluso el acompañamiento de los medios de comunicación con el poder hegemónico se ha puesto de manifiesto constantemente a lo largo de la historia del país. Ejemplos de ello son: el llamado y la justificación de la represión a la comunidad de Atenco, vociferado desde los noticieros televisivos en 2006; los mensajes a favor del sistema neoliberal filtrados continuamente a través de las telenovelas; y la constante criminalización mediática de la gente que toma las calles o los espacios públicos para exigir derechos, defender su territorio o bienes comunes.

Si bien la relación de las empresas informativas mexicanas con las cúpulas del poder político ha tenido crisis y reconfiguraciones (como cualquier pugna por control y poder), ha sido durante la presidencia de Peña Nieto que se ha hecho patente el aumento de su descaro. Lo que supuestamente tendría que ser una labor social en favor del acceso a la información ha devenido en uno de los principales vehículos de adoctrinamiento y estupidización de la población. Un primer gran impulso para hacer medios libres viene de allí: del deseo por agrietar –romper y derribar– el cerco mediático construido, y contrarrestar el poder de estos corporativos. Luego surgen otras cuestiones: ¿Con quién y cómo organizarse?, ¿qué relaciones establecer?, ¿en qué geografías, con qué estructuras y agendas?, ¿cómo romper con la dinámica capitalista de acumulación de poder y riqueza, así como con las lógicas de imposición y autoritarismo del sistema actual? Éstas y otras preguntas emergen como interrogantes necesarias para poner en resonancia el pensamiento, la palabra y la acción.

Lo que no es infierno

Antes de poder hablar, nos comunicamos a través de movimientos, llanto, gestos, miradas, sonidos, caricias. Luego viene la oralidad y todos los actos complejos de comunicación que la acompañan. Hablar es existir absolutamente para el otro, dice Franz Fanon. La palabra hablada funciona como herramienta para establecer conexiones con otros seres humanos; engendra entendimiento mutuo, empatía, afectos.

Los términos comunicación y comunidad provienen del latín communis, que significa común. Distintas cosmovisiones indígenas en América Latina coinciden en que la comunicación comienza en la fogata. Durante el levantamiento en defensa de sus bosques en 2011, los habitantes de Cherán encendieron una fogata en casi cada esquina del pueblo. En ellas, la gente permanecía alerta y comunicada con el fin de cuidarse mutuamente. De esta manera, las fogatas se convirtieron en articuladoras de la acción comunitaria y en herramientas para la defensa del territorio. Después de ello, la comunidad de Cherán incorporó a las fogatas en la estructura del gobierno autónomo a través de representantes que participan en las asambleas comunales.

Vilma Almendra, del Tejido de Comunicación de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN - Pueblo Nasa, Colombia) plantea que es en el fogón donde se platican los sueños con las abuelas y abuelos. En el libro Pensar desde la resistencia anticapitalista y la autonomía1, resalta una cita del tejido de comunicación que, para ella, define lo que es comunicación para su pueblo: Siempre nos sirvió volver a las raíces, echar mano de la sabiduría contenida en nuestras memorias colectivas, escuchar a los mayores y acercarnos a la naturaleza para hacernos parte de la vida toda y defendernos defendiéndola. En cada época tuvimos que aprender a resistir y hacerlo de una manera diferente de acuerdo con el desafío que enfrentamos. Las fogatas de Cherán también sacaron las cocinas y fogones a las calles y crearon espacios convivenciales que favorecieron el intercambio de conocimientos de manera intergeneracional, la organización barrial, el acceso a la información y los lazos afectivos entre individualidades y grupos.

Las fogatas y fogones son ejemplo de la fuerza colectiva que se puede generar a través de la articulación de colectividades de diversas escalas (familias, grupos, vecindades, barrios). Paralelismos de estas experiencias ancestrales se viven también en otros espacios de rebeldía, urbanos, rurales y transterritoriales.

Verdades (de)veladas

La palabra sin acción es vacía,
la acción sin palabra es ciega,
la palabra y la acción fuera del espíritu de la comunidad
son la muerte.
—Pensamiento Nasa.

La labor de los medios corporativos se parece más a la producción de comida chatarra que a la cocina comunitaria. El procesado, industrialización y abre-fácil informativos, banalizan y tergiversan los acontecimientos. Su visión empuja al conformismo e intenta limitar la elaboración de un pensamiento crítico al presentar las historias de forma conclusiva y determinante, como si estos informantes fueran portadores de «verdades» inapelables que distribuyen a sus audiencias.

La visión política hegemónica —promotora, sutil o contundente, de la jerarquización racial, de género, de clase o cualquier otra supuesta superioridad— sostenida por los grupos en el poder, ha sido diseminada, históricamente, mediante la construcción cultural de estas «verdades» que buscan convencer de las bondades del modelo de sociedad dominante, así como implantar miedo y terror al respecto de otras alternativas.

Todo ello funciona como esqueleto ideológico de un orden social capitalista que no sería posible sólo con empresas informativas sino que se configura a través de todas sus instituciones: escuelas, hospitales, empresas, oficinas gubernamentales, cárceles, el modelo de familia tradicional, etcétera. Si bien las estrategias para mantener este ordenamiento se reconfiguran constantemente, la ecuación obediencia = premio, desobediencia = castigo es la base para la internalización de jerarquías violentas y denigrantes que nos configuran como seres obsesionados con la competencia destructiva, la acumulación de bienes y el poder producto de la explotación o dominación ejercidas hacia otras personas.

Todas las instituciones capitalistas están configuradas con principios militares/policiacos que buscan imponer la obediencia hacia cualquier autoridad o rango superior, sin importar la orden, ética o consecuencias de los actos. En el ejército, «el control de la persona es tal, que, según el código militar, la insubordinación se castiga incluso cuando la orden del mando es contraria a la ley (...) Cada soldado, cada cabo, cada oficial en su proceso de asimilación y entrenamiento, ha aprendido la prepotencia y la arbitrariedad del poder en su propio cuerpo y en el cuerpo colectivo de la institución»2.

Lo anterior da cuenta de cómo se construye la prepotencia y el poder de las autoridades sobre otras personas. Además, la obediencia a gobiernos, leyes y mercados se presenta como natural y la necesidad de dar/recibir órdenes se internaliza, reproduciéndose en todas nuestras relaciones y en los aspectos más pequeños de nuestras existencias —incluso en procesos, colectividades y estructuras anticapitalistas.

Tejer memorias vivas

¿Quién combate estos ataques y sometimiento, y de qué forma? ¿Cómo cambiar el estado de cosas en un sistema tan complejo? ¿Cómo hacemos y contamos otras versiones de lo que nos acontece? ¿Qué papel juega la deconstrucción de las jerarquías en un régimen basado en la obediencia? En aras de ejercitar el pensamiento y la acción colectiva, tenemos que recuperar la posibilidad de pensar, enunciar, escuchar y caminar nuestras propias palabras.

Somos parte de tejidos de comunicación entre colectividades, grupos, movimientos y organizaciones que combaten el pensamiento único y desmienten las quimeras de las empresas de información. Estas redes se componen de nodos interconectados que concentran y diseminan la información contrahegemónica, realizando las tareas de lo que las y los zapatistas llaman escuchas, es decir: recoger y difundir información que facilite la organización, conocimiento y apoyo mutuo entre grupos o comunidades. El esfuerzo común se enfoca en generar formas más dignas de vivir y relacionarnos. Nuestra memoria, como la de las y los compas zapatistas, también se asoma a lo que viene3 y luchamos, haciendo uso de ella, contra el muro de la historia del pasado, del presente y del futuro.

Cada medio alternativo, llámese radio libre, televisión comunitaria, agencia autónoma, revista o fanzine; responde a su propio contexto y tiene un alcance limitado. Los diversos orígenes son dignos de atención: muchos han nacido como parte orgánica de una comunidad, organización o movimiento social; otros tantos como iniciativa de personas cuya experiencia les llevó a concluir que no pueden luchar solas contra la maquinaria que, como dijera Rockdrigo González, te vuelve una sombra borrosa. Pero todos ellos aportan su granito de arena a la tarea de difundir los mensajes de la gente que resiste y combate al sistema. Y aunque muchos tienen una existencia efímera, no dejan de surgir por un lado y por otro, gracias a que las tecnologías son cada día más accesibles, pero sobre todo porque la necesidad de desarrollar una comunicación afectiva/efectiva para hacer frente a la enajenación que producen los medios corporativos, es cada día más grande.

En este sentido, si el capitalismo atomiza las sociedades y quiebra a las personas, las alternativas al mismo forzosamente pasan por la reconstrucción de ese tejido en el que dialogan las subjetividades. Por ello, la compartición que cada uno y una pueda hacer de sus conocimientos para que más gente pueda fungir como nodo o escucha y tomar en sus manos las herramientas que le ayuden a contar, sin mediaciones, su propia historia y a aprender de la de sus semejantes, es crucial. Sólo de ésta manera podremos construir colectividades y participar en el fortalecimiento de las comunidades que plantean caminos distintos al de la alienación propagada por un sistema económico voraz.

Hacer los medios

Un entendimiento conjunto de qué es hacer medios libres permite pensar hilos de acción que sirvan para una estructuración flexible y paulatina que apunte a un funcionamiento armónico y constante. Algunos objetivos generales, enunciados por diversos grupos en diferentes momentos, son:

  • Conocer de fondo las problemáticas que acontecen para poder dar cuenta de éstas lo más integralmente posible.
  • Difundir las demandas y argumentos de los movimientos; así como las propuestas alternativas de buen vivir, construidas mediante la participación colectiva y solidaria.
  • Ampliar la difusión de las luchas llevando las voces inconformes a lugares y oídos nuevos.
  • Ejercer la libre expresión y defender el derecho a informar e informarse.
  • Mantenerse fuera de las lógicas consumistas y mercantiles del sistema: no pedir ni aceptar recursos o publicidad de partidos políticos, funcionarios públicos o empresas.
  • Coadyuvar a desarrollar procesos de simbiosis y solidaridad entre diferentes luchas.
  • Fisurar/romper la censura y el cerco mediático corporativo y transgredir el límite del control que los Estados intentan imponer sobre la información, brindando elementos que permitan pensar más allá de los esquemas del sistema.
  • Documentar los movimientos y luchas sociales para generar una memoria colectiva, y cuando sea necesario, para aportar pruebas de las acciones de las y los actores sociales ante cualquier instancia que los difame o acuse en falso (como sucede tan frecuentemente en México).
  • Guiarse por la voluntad de cambio y el deseo del bien común.
  • Motivar a las personas que consideran que no es posible cambiar el contexto mediante la presentación de quienes, efectivamente, lo están haciendo.
  • Compartir experiencias y saberes para la multiplicación de los procesos de resistencia y de comunicación libre.
  • Aprender en la práctica para fomentar el pensamiento crítico y la acción transformadora.
  • Encontrar las certezas compartidas y abrazarse a ellas aceptando la convivencia de la diferencia o heterogeneidad para construir a partir de ellas.
A lo largo de la historia y dependiendo el movimiento o lucha social de que se trate, algunos medios libres han adoptado estructuras jerárquicas, ya sea por organicidad o por consigna. Sin embargo, actualmente, en los diversos colectivos que surgen en México, las prácticas de organización mediante las que se tejen las tareas para brindar información desde abajo, con fuentes directas, así como para establecer un diálogo con la sociedad, buscan estructurarse —en mayor o menor medida— de manera horizontal (o circular, como Cherán), atendiendo a la premisa de recuperar y amplificar las versiones de abajo. Buscamos fomentar que cada participante defina libremente su responsabilidad y posicionamiento político en las diversas batallas contra las representaciones minimizadas, tergiversadas y manipuladas que generan los grandes medios comerciales.

Rizomas de comunicación

¿Cómo crear organismos diversos, fuertes, libres e interconectados? La defensa de la comunicación como bien común es una pieza básica para potenciar las prácticas sociales que generan posibilidades de futuro. Creemos que la organización de los medios libres –como otras apuestas contraculturales al capitalismo neoliberal– tiende hacia configuraciones libertarias y antiautoritarias desde sus formas, que buscan romper con las lógicas de competencia y jerarquía. Al amplificar y visibilizar las rebeldías socio-políticas se diseminan discursos y actos que atraviesan campos diversos, desde la escritura hasta la acción directa.

La estructura no está definida o sistematizada sino que se comporta de forma rizomática. Los nodos cambian de lugar, del ámbito cibernético o radioeléctrico a las calles; aparecen y desaparecen conforme las condiciones materiales lo permiten o impiden; confluyen o derivan en actores diversos y alianzas varias; se intercambian y reacomodan para cubrir las necesidades de articulación que requiere la labor comunicativa.

Hay cuestiones básicas sobre las que siempre resulta necesario discutir y recrearse, como el establecimiento de principios de afinidad socio-políticos. Al respecto, hay colectivos muy estrictos y otros más flexibles en sus criterios e ideologías, pero como medios libres, la constante, por la que toman su nombre, se refiere a que dichos principios no les vienen dictados desde fuera sino que se discuten en el seno de cada grupo para llegar a acuerdos mínimos.

Asuntos más prácticos de la organización pueden referirse, por ejemplo, a la planeación y realización de las coberturas; a las formas y canales para el establecimiento de vínculos con organizaciones y otros grupos o personas; a la construcción colectiva de la agenda y los acuerdos internos para la creación de contenidos, publicación y difusión de sus materiales, así como el enfoque y profundidad con que serán trabajados; además de los protocolos de seguridad y respuesta ante emergencias en situaciones de potencial conflicto y represión.

Otro elemento relevante es la relación entre nodos. Por ejemplo, el intercambio de formatos, tácticas (espontáneas o de reacción inmediata) y estrategias (calculadas o de miras a largo plazo) entre medios libres y colectividades de otros campos creativos/artísticos, ayuda a desbordar la imaginación para gestar nuevas formas y sacudir la apatía de mentes y corazones.

Consideramos que no hay manuales ni recetas para generar estructuras en los medios libres; lo que resulta fundamental es conocer las historias que nos preceden para poder potenciar aquellas de las que somos parte o testigos activos. Y en eso, nuestro tiempo y los compromisos sociales que nos planteemos serán los que nos den la pauta para establecer los modos, las líneas y las temporalidades del trabajo comunicacional. Aprender a mirar críticamente hacia afuera y hacia el interior de los espacios de organización es uno de los ingredientes fundamentales. Por delante va el deseo de quitarnos los velos de los ojos para entender la complejidad de una realidad cruenta pero también para esbozar las acciones necesarias que hagan posibles otras alternativas de vida digna.