Escucharse, escuchando. Una forma de hacer “periodismo” desde la militancia

Por Frecuencia Libre 99.1 FM | http://frecuencialibre991.blogspot.mx/
Texto publicado en la Revista Palabras Pendientes | "Comunicación y Organización Contra el Capital" número 12, Año 12, Noviembre 2016



Desde finales de los años noventas muchas personas y algunos movimientos sociales en México, influenciados inevitablemente por el EZLN, entendían que tener sus propios medios de comunicación, poder construir el mensaje y poder transmitirlo era no sólo indispensable para sumar simpatías para sus causas; sino una lucha que estaría encaminada a dar un paso más en la aplicación -por la vía del hecho- de los derechos a la libertad de expresión y a la información, ser no un mero mecanismo del partido, sino de forma autónoma ser generadores de contenidos y tener su propia dinámica.

Hacia la segunda mitad de los años noventas, el auge de Internet facilitó la difusión de videos que antes no tenían espacios de proyección, salvo si se llevaban físicamente a los distintos lugares para proyectarlos; posteriormente, el incremento en el acceso a internet permitió que un video con información o testimonios de un evento, pudiera darle la vuelta al mundo como nunca antes, sin depender de una empresa de noticias. Así nacieron experiencias como IndyMedia, primero en Estados Unidos de América y de ahí se difundió con enorme celeridad a diversos países de occidente.

Una forma de hacer “periodismo” desde la militancia, pero no cómo en los años setentas u ochentas, una especie de periodismo militante autónomo, autogestivo: asumiendo el papel de comunicadores de los movimientos sociales antiglobalización. Colectivos e individuos se especializaron en hacer viral mucha información que se generaba desde el movimiento y para apoyar el movimiento antiglobalización. Por primera vez en la historia tuvimos la posibilidad de ser el mensaje, el mensajero y el medio, ya no dependíamos sólo de los medios de comunicación -llamémosle “convencionales” o de los periodistas de estos medios convencionales- para dar a conocer nuestra voz, nuestras luchas, nuestros proyectos y denuncias.

Y así se fueron generando experiencias -radiofónicas, en video, de nota informativa, de análisis, de fotografía que circulan sobre todo en la Internet- y otros proyectos de comunicación que hacen presencia física en un lugar específico; sobre todo las radios comunitarias y ciudadanas; entendiendo por ciudadanas una gran variedad de nomenclaturas ideológicas (anarquistas, socialistas, democráticas, etc.). Muchos sobreviven y otros han desaparecido en el camino.

Una de las cosas a destacar es el asunto de generar muchas complicaciones interpretativas, como es ser generadores de información, no periodistas profesionales como se hacen llamar los periodistas convencionales, digamos periodismo ciudadano es lo que hacen muchos medios denominados libres (ML); pero ¿libres de qué? dirán algunos, libre sobre todo de la “dictadura editorial” del mercado, es decir, medios que el lucro no es su finalidad, sino justamente es medio para conectar con otras y otros ciudadanos, para servir a una comunidad concreta y hasta abstracta, pues muchos de sus usuarixs nunca serán conocidos; ese medio que intenta, entre muchas cosas, generar masa crítica.

Un elemento más que caracterizaría a los ML locales, es decir mexicanos, es su intención u objetivo consciente o inconsciente de: educar, socializar el conocimiento con los movimientos sociales de base y luchas populares. ¿Qué se persigue con esto?, que las organizaciones y movimientos de base tengan sus propios comunicadores y comunicadoras, ya no un encargado de prensa y propaganda; sino un comunicador capaz de construir la noticia desde la perspectiva del movimiento en cuestión, capaz de usar el video, la fotografía, el audio, el texto y de esa otra herramienta que nos dio la globalización: Internet.

Los ML hoy, en México, en Chiapas, ¿viven una ruptura con el monopolio de la tecnología y la narrativa-opinión informativa dominante?

Esto es poco probable, en principio porque la mayoría de nosotrxs usamos justamente plataformas y tecnologías diseñadas por el mercado, aunque usemos determinado software de código abierto, seguimos usando plataformas comerciales; aún estamos lejos de lograr una permanencia mayoritaria en las plataformas compartidas o software libre, aunque existen algunas experiencias reducidas encaminadas ya en ese rumbo. Vivimos más bien una reutilización de soportes y tecnologías; usamos computadores reconstruidas o armadas; usamos el video para fines a veces no tan prácticos para los movimientos o la comunidad donde llega nuestra información o productos, pero en general con la intención de dar testimonio. De este modo denunciar sigue siendo un gran lastre inevitable, pues no podemos dejar de dar testimonio de las injusticias; pero a su vez, se generan más productos que intentan abundar en la profundidad de las luchas, las personas, los fines de un movimiento tan sólo de quienes padecen los efectos más drásticos del capitalismo actual.

Seguimos consumiendo la tecnología que nos impuso el mercado, cámaras fotográficas, celulares, grabadoras de audio, en fin, un gran número de soportes, de tecnologías que no vamos a negar, pues son base de nuestra labor; pero hay que avanzar en los pasos hacia mejorar y ampliar acceso a software libre, a servidores seguros, entre otros.

Por otro lado, se producen pocos contenidos, pocas series, hay muchas dificultades para mantener una dinámica de producción propia, lo que mejor sucede es tomar las producciones realizadas en otros países o en el mejor de los casos, del mismo país pero de otros estados. La producción propia, fuera de los programas de opinión, es poca; hay mucho testimonio, mucha rueda de prensa, muchos boletines, mucha opinión. La cuestión es que nuestros contenidos, muchas veces los generan otros y nosotros sólo hacemos eco de ellos sin mayor intervención que transmitirlo lo más íntegramente posible.

¿Cómo actuar siendo colectivos? Es necesario que nuestras audiencias o comunidades, formen parte integral en los procesos de construcción de la información, de las producciones, requerimos ser más un pulso social que un mero eco social. Si bien es muy rico tener en un espectro amplio de experiencias de ML, voces disidentes de la enorme mayoría de los medios comerciales y convencionales, es preciso ser capaces de romper algunas inercias que nos mantienen reproduciendo contenidos de autoconsumo.

A diferencia de los medios convencionales, si bien no perseguimos lucrar con nuestra actividad como fin último y único, es necesario revisar contenidos de nuestras producciones, cuando las hay. Nos referimos al uso del lenguaje o la narrativa, porque el patrón de “opinadores”; el formato de producción sonora estilo radio comercial; la prevalencia del “fotógrafo de guerra”; el videasta de “moda”, en síntesis, el periodista convencional, desacredita mucho de nuestro esfuerzo.

En México, en septiembre de 2003, ante la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Cancún, tuvimos nuestra primer experiencia de una acción concertada de colectivos e individuos para realizar una cobertura conjunta de las acciones del movimiento altermundista, utilizando espacios en Internet como IndyMedia-Chiapas entre muchas otras plataformas. Ahí confluyeron colectivos que tenían como objetivo la información y la comunicación, individuos que hacían periodismo militante y los mismos activistas de organizaciones de la sociedad civil.

Diez años después, en agosto de 2013, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, tuvo lugar una Convergencia de medios libres, donde nos encontramos colectivos de comunicación, proyectos de medios, activistas de la comunicación popular, entre muchas otras experiencias; ahí nos encontramos para pensarnos en el contexto actual, para reflexionar sobre nuestros retos y socializar capacidades técnicas, tecnológicas y meteorológicas.

De las cosas acumuladas en los últimos 10 años, está una fuerte experiencia en hacer coberturas; una gran capacidad profesional de producción radiofónica, en video, en manejo de soportes digitales, de organización y educación popular; así como la consolidación de proyectos informativos sólidos. ¿Pero eso hace al movimiento de medios libres distinto al periodismo independiente existente con anterioridad?.

Algunas de sus diferencias son que los periodistas de los medios libres son abiertamente militantes de las causas populares, no realizan sus actividades por un salario, se definen antisistémicos. La solidaridad y la socialización del conocimiento son base fundamental de su quehacer, es decir, no se trabaja y se acumula conocimiento en lo individual, sino se socializa y comparte con otros movimientos, organizaciones y hasta individuos que quieren conocer el manejo de herramientas informativas, para sumarlo a la lucha de alguna organización de base o movimiento social.

Los medios libres son cuestionados porque, dicen algunos, hacen panfletos y solo difunden el punto de vista de un actor, pero es que, a diferencia de los medios convencionales, los medios libres no pretenden hacerse un espacio de poder dentro del mercado de la información o la noticia, no pretenden chantajear a ningún funcionario público, mucho menos obtener financiamientos o publicidad oficial; en pocas palabras, son modos de comunicación sin fines de lucro.

Actualmente estamos viendo, por lo menos es evidente en la Ciudad de México, que las agresiones contra quienes hacen medios libres no son casuales, sino una estrategia para callar al mensajero y el mensaje; son una clara violación al derecho de libre expresión y al derecho de acceso a la información que atenta, no solo contra nuestras compañeras y compañeros que sufren directamente la brutalidad policial o el encarcelamiento bajo acusaciones insostenibles, sino un atentado contra todas las personas que pretenden dar testimonio de lo que ocurre en la arena pública.

En un contexto donde los periodistas de los medios convencionales también sufren agresiones y en el extremo, el asesinato a manos de los cárteles de la droga y muchos otros actores, o que son censurados de diversas formas por parte de funcionarios públicos, cuando no agredidos físicamente o encarcelados; la libertad de expresión y el libre acceso a la información están en grave peligro y la sociedad debería entender que sin libertad de expresión y sin acceso a la información, todos los demás derechos quedan más vulnerables de lo que ya de por si están.

Hoy el movimiento de medios libres está más vivo que nunca, como decíamos en la convocatoria a la Convergencia de medios libres en Chiapas: Hoy como nunca antes los Medios Libres son una apuesta, un camino, una herramienta para muchos procesos sociales en ese largo andar por un mundo más justo, más humano, más libre, más participativo; nunca como antes habíamos contado con una participación de generaciones que hicieran suyo el trabajo de informar, organizar, desde abajo, desde diversas trincheras unas más, otras menos organizadas, pero todas con la amorosa intención de construir ese mundo otro que sí es posible.

Parte II. Los contenidos y la diferencia.

¿En qué consiste la diferencia entre la producción de contenidos de los medios libres, los medios comunitarios, los medios ciudadanos y los medios de paga? Todos ellos –o las personas que están detrás de ellos– tienen valores éticos y políticos que determinan la orientación de sus contenidos. A su vez, entre un medio de paga y otro medio de la misma índole hay diferencias éticas y políticas, al igual que entre un medio comunitario y otro. Esos valores, esos principios, determinan la programación, la distribución de contenidos en cada medio. Distinguir, definir, establecer, dictaminar la posibilidad de principios éticos más valiosos que otros, es bueno para la política pero malo para la ética (los calificativos morales no son una ociosa distracción).

Personas con determinados valores éticos y políticos se juntarán y construirán un medio, dirigido a personas con valores éticos y políticos similares. Ese es el principio de todo medio. Desde ese punto de vista, la diferencia entre un medio y otro será tanta como la diferencia entre una persona y otra. O lo que es lo mismo, todos son iguales.

La Frecuencia Libre 99.1, por ejemplo, transmite en FM, junto con muchas otras estaciones. Hay de todo, religiosas, comerciales, comunitarias, partidistas, gobiernistas... ¿podemos ponernos en un escalón superior que el resto de estas radios? Lo ignoramos, porque no lo hemos intentado, porque no queremos intentarlo. ¿Qué pasaría si la Frecuencia Libre transmitiera en un territorio autónomo [en alusión a los municipios autónomos zapatistas]? ¿Nos volveríamos partidistas? ¿Seríamos entonces una radio gobiernista (buengobiernista)? ¿Estaríamos entonces en un escalón ético inferior de quienes hicieran una radio de oposición al gobierno autónomo?

Buscamos entonces la diferencia en los formatos y en los criterios, encontramos medios/productores/programas de investigación, noticiosos, informativos, de análisis coyuntural, editoriales, científicos, culturales, educativos, sectoriales, etc., pero también en todos los medios, en la televisión, en la radio, en la prensa y en la web, sean libres o de paga, por lo general los formatos se comparten, con más o menos anuncios comerciales, con más o menos interrupciones. El hilo negro de los formatos y los géneros no ha sido descubierto (todavía). Ahí tampoco está la diferencia.

¿Qué pasaría si un día descubrimos que un programa que le tomó años desarrollar a una radio comunitaria se transmite también por la radio oficial? ¿Qué pasaría si las cápsulas que produjo la radio ciudadana se transmiten en una radio pública? ¿Qué hacemos si descubrimos que las cápsulas de información científica que transmite la radio alternativa fueron producidas originalmente para una radio comercial? ¿Qué hacemos si un buen día nos damos cuenta que las noticias que genera el medio de paga tienen más investigación propia que los noticieros de los medios libres? ¿Lo soltamos todo y nos largamos? Tal vez ahí tampoco está la diferencia.

Entonces seguramente está en el “cómo”, en las metodologías de construcción de contenidos. Los medios de paga llegan y “extraen” la información, la “capturan”, van y “sacan” la nota. Los medios libres, alternativos, comunitarios y ciudadanos la “construyen”. Para esa construcción de contenidos se ha trabajado mucho, existen herramientas y metodologías, cuya efectividad debe medir cada medio en su contexto específico. No hay recetas, pero hay mucho camino andado, el primer paso debe ser siempre ver cómo han hecho los otros medios, los que estuvieron antes. No por una falsa idea del “respeto” o la “tradición”, sino para no regarla exactamente igual.

Aprender a construir contenidos es también reconocer lo que no queremos. Alguna vez alguien nos dijo: “ustedes hacen un mal radio, porque sus conductores hablan en lugar de gritar, no animan a los radioescuchas, los duermen”. Respondimos que preferíamos dormirlos a tratarlos como vacas (y nos pusimos a trabajar y a pensar en cómo hacer nuestros programas menos aburridos).

Podríamos decir que en la construcción de contenidos existen tres estrategias:

1. Generar contenidos con base en una agenda predeterminada (sea por el partido, la organización, la patrona, la gurú, la líder, el libro). En este caso lo importante es el contenido, si alguien lo lee-escucha-ve es irrelevante, anecdótico. Quedar bien con la autoridad superior, con la jerarquía reconocida, sea militar, militante, religiosa, partidista o laboral.

2. Generar contenidos con base en la coyuntura y los intereses del grupo que controla el medio. Es la metodología más común en los medios “de paga”, pues dependiendo de los contratos y los convenios se golpeará más o menos a personas de la política, del gobierno o de la empresa. Muchos medios alternativos funcionan de manera similar, pues “recogen” la agenda establecida por los medios de paga, con la intención de aproximarse a las mismas noticias pero desde un punto de vista crítico.

3. Generación colectiva de contenidos. Es la más usada en medios comunitarios y ciudadanos. Es la audiencia la que propone, define, establece los contenidos, su profundidad, su temporalidad y su aproximación. El medio al servicio de su audiencia. Poco recomendada para quienes creen que los medios son para “crear” conciencia o transmitir “su” mensaje.

4. Generar contenidos con base en su rating. La audiencia manda, pero no opina. No importa lo que se diga, mientras se oiga. No importa lo que se escriba, mientras se lea. No importan los contenidos, mientras jalen oídos y ojos a los anuncios. Sobra decir qué tipo de medios son los que más utilizan esta estrategia.

Existen, claro está, variantes y combinaciones de esto, pero digamos que la diferencia se marca en la posición que tiene el generador de contenidos respecto a su audiencia: gente a la que hay que adoctrinar; gente a la que hay que informar; gente a la que hay que venderle algo; gente a la que hay que comunicar; gente a la que hay que escuchar.

Es a partir de esa definición, la de su audiencia, que cada medio construye sus contenidos y los evalúa. En la importancia que tiene la comunidad de lectores-videntes-oyentes para la generación de contenidos, es donde se construye la diferencia, no en los anuncios, no en las consignas, no en los salarios.

Hay quien usa los medios para saturar a las personas espectadoras de los medios de paga, como productos materiales o ideológicos. También hay quien usa los medios para compartir la palabra, para escucharse escuchando, para narrar en plural, al pueblo su propia historia.