Medios libres: ¿comunicar para luchar o luchar para comunicar?
Una discusión necesaria

Por Tejiendo Organización Revolucionaria (TOR) | http://http://tejiendorevolucion.org/
Texto publicado en la Revista Palabras Pendientes | "Comunicación y Organización Contra el Capital" número 12, Año 12, Noviembre 2016



Hablar de los medios de comunicación es relevante por el papel que éstos desempeñan no sólo como vehículos de información, sino también, por el modo en que se utilizan para construir, legitimar o desprestigiar visiones sobre el mundo. Para analizar y comprender la función e importancia de los medios de comunicación en la actualidad, nos parece fundamental caracterizar el discurso que las clases dominantes han elaborado. De la misma manera, consideramos que también se debe recuperar la experiencia de los medios libres como un conjunto de proyectos informativos que tienen una perspectiva propia/particular/específica, la de las luchas sociales y sus necesidades. Por tanto, el análisis, mas allá de “definiciones teóricas correctas”, responde a la convicción de que sólo ubicando las contradicciones y las grietas de un fenómeno/problema/la realidad podremos incorporar de manera contundente a los medios de comunicación en la lucha anticapitalista.

I. Libertad de expresión, capital e ideología

Es común escuchar que la sociedad actual se distingue por tener un acceso inigualable a la información. Este momento, a veces llamado era de la información y del conocimiento, se presenta como resultado del perfeccionamiento de los medios de comunicación, fruto a su vez de la innovación y de los avances tecnológicos.

A lo largo de muchos años ha surgido un discurso en torno a la comunicación que hay que tener presente antes de analizar su situación actual. Según este discurso, dominante por cierto, el desarrollo humano y de las sociedades se ancla en el libre flujo de la información. El acceso a la información posibilita la adquisición de todo lo necesario para la vida democrática de una sociedad. Así, el libre flujo de las ideas y la “libertad de expresión” se presentan como una garantía y una extensión del ejercicio de otras libertades individuales. Esto resulta tan importante que, se supone, sólo el acceso pleno a la información garantiza la justicia, la libertad y la democracia.

Los medios de comunicación, al seguir esta lógica, aseguran el flujo de información y se constituyen como garantes del bienestar social, fungiendo como el vehículo de las ideas y la información que la población en su conjunto genera. Estos medios de comunicación deben ofrecer ,particularmente, una difusión noticiosa objetiva y neutral, con el fin de cumplir a cabalidad su función. Se supondría que los medios, junto al acceso a la información, permiten un acercamiento a la verdad, de manera que aseguran el conocimiento objetivo de cualquier acontecimiento mediante una cobertura noticiosa, siempre que ésta sea incluyente y neutral.

Respecto de lo anterior, el Estado debe garantizar que, utilizando los medios de comunicación como vía, cualquier ciudadano ejerza la libertad de expresión y debe observar que la sociedad goce del derecho a ser informada de manera libre y democrática. Esto último, en abstracto, es utilizado para distinguir, por ejemplo, a los países democráticos de los denominados totalitarios.

Siguiendo con el razonamiento de los párrafos anteriores, la manera más efectiva y segura de proveer todo lo anterior es mediante el establecimiento de reglas gracias a las cuales la competencia entre las distintas opciones de comunicación existentes regulará los contenidos, la calidad, la veracidad, etc. Se dice pues, que como cualquier sector, los medios de comunicación contribuyen a la construcción de la democracia, la justicia y la libertad, solamente si se les sujeta a marcos legales que obedecen a un supuesto interés general de la sociedad.

Sin embargo, no es difícil ver que el discurso choca con la realidad. Históricamente, los monopolios han controlado los flujos informativos por lo que el derecho a la información carece de una operatividad real, aun cuando éste se encuentre garantizado legalmente. Así, es el propio discurso descrito hasta ahora el que ha legitimado el poder de las empresas de comunicación, al mismo tiempo que ha perpetuado su penetración y dominación en el campo de la información. El resultado es que la “libertad de expresión” siempre ha sido reducida al límite, pues cuando lo que se expresa no tienen un alcance efectivo, no se diga incidencia en la realidad, tal libertad se convierte en una abstracción que carece de sentido.

El discurso dominante promueve la idea de que, hoy sí, el desarrollo tecnológico permite que cualquier persona pueda escribir lo que opina en las redes sociales, perfiles de Facebook, en un blog, etc. Lo anterior, en teoría, abre la posibilidad de contenidos diversos para cualquier persona. Lo que se oculta es que tales contenidos son accesibles sólo a una parte mínima de la población, lo que los hace, salvo pocas excepciones, nada contundentes. Si bien cada individuo es libre de expresar lo que piensa y opina, esto carece de impacto real en el ejercicio de cualquier libertad.

Otro ejemplo del modo en que el discurso dominante justifica a los medios de comunicación como pilares fundamentales de la sociedad se presenta cuando se enuncia que hoy la justicia es posible sin necesidad de acciones concretas, tales como hacer presión en un ministerio público, pues la función de este tipo de manifestaciones se sustiuyen por idea de que es suficiente con grabar lo acontecido y difundirlo en las redes.

Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Así, se omite mencionar que los medios de comunicación tienen una historia la cual, aunque no se abordará de forma exhaustiva, se desarrolla no sólo en términos de las modificaciones técnicas, sino, sobre todo, en términos de las funciones que cumplen tales medios dentro del orden social. En este sentido, es necesario que más allá de las modificaciones tecnológicas, sobre las que tanto se insiste desde arriba, se sitúen las funciones que se han asignado a los medios de comunicación por parte de las clases en el poder.

Los medios de comunicación no han sido ajenos a la dinámica de producción del capitalismo,–el cual apunta al incremento de la ganancia,– cuestión que se confirma al visualizar la función que éstos han desarrollado como mecanismo para incentivar la venta mediante el uso de la publicidad y la mercadotecnia; al mismo tiempo que crean necesidades sociales que deben satisfacerse mediante el consumo de las mercancías que circulan en el mercado. Vemos pues que los medios juegan un papel clave en la realización de las mercancías y, como tal, en la valorización del valor. Ateniendo a lo anterior, resulta relevante preguntarse, en primer lugar, quiénes son los dueños de los medios de comunicación y cuál es la relación que sostienen con los dueños del capital.

Lo enunciado en el párrafo anterior, se ha desarrollado de manera tal que la misma información toma hoy la forma de mercancía. Hoy, grandes monopolios nacionales y trasnacionales han convertido las noticias en mercancía y la necesidad de información en un mercado bastante redituable, de manera que las han podido convertir en productos que se compran y se venden. Esto ha llegado al grado de construir agendas para optimizar las ganancias que se generan a partir de las noticias, mismas que se dosifican en función de este nuevo mercado. Es necesario entonces preguntarse, en segundo lugar, cuáles son los mecanismos y estrategias que permiten a los grandes monopolios controlar, además de los flujos informativos, la producción y difusión de los mensajes noticiosos.

Son pues, los mismos monopolios quienes han creado a consumidores que no sólo reciben información sino que, con ella, también interiorizan una ideología, la cual se comprende como la serie de valores e ideas que configuran un sistema de creencias dentro de una sociedad determinada, por ejemplo configura lo que se considera lo bueno, lo justo y lo verdadero; así, la ideología se convierte en el marco de referencia a partir del cual se establece lo posible y deseable, lo permitido y lo que no lo es. Es precisamente en este campo en donde los medios de comunicación que se encuentran en manos de los dueños del capital se convierten en productores y difusores de un sistema dominante de creencias pues se erigen como portadores de la verdad objetiva y neutral. Asimismo, al situarse en una posición de autoridad, establecen jerarquías noticiosas y lo que es importante cubrir e investigar, formando y direccionando lo que se denomina “opinión pública”. Todo este andamiaje contribuye a la construcción y consolidación de la hegemonía de las clases dominantes a partir de situar sus posiciones e intereses como si fueran los de las grandes mayorías.

Por lo anterior, no podemos pasar por alto el carácter de clase que adquieren los medios de comunicación y los productos que generan de manera que el papel que desempeñan en la sociedad está necesariamente enmarcado dentro de un conflicto de clases. Por ello, se ha de tener presente que, según cada momento, estos pueden funcionar ya sea como mecanismo de dominación o como herramientas de liberación.

Por último, es necesario considerar que las pautas productivas y de comportamiento de esos medios responden, por un lado, a quienes son sus dueños y a quienes los controlan y, por otro, a los acuerdos, diferencias y relaciones con los diversos aparatos estatales. Aquí, resulta importante clarificar que lo que podemos enunciar como contradicciones y grietas al interior de los medios de comunicación afecta a intereses determinados, lo cual responden a casos concretos de análisis.

II. Las contradicciones y las grietas: posibilidades para la lucha social

Sobre el periodismo y sus límites actuales

Cuando se habla del ejercicio periodístico es necesario tomar en cuenta que la configuración actual de los medios de comunicación indudablemente pone límites a éste. Las investigaciones y su difusión noticiosa se enfrentan a la censura y a la imposibilidad de ejercerse plenamente dentro de los marcos que, como decíamos, el gran capital impone. Lo anterior sea porque, como toda mercancía, a veces es mejor no sacar una noticia al mercado o por los pactos y compromiso que puedan tener los dueños de los medios con los aparatos estatales; de ello abundan ejemplos sobre la censura que han impuesto las empresas monopólicas a sus propios periodistas.

Hoy, los comunicadores que se dedican al periodismo de investigación no sólo se encuentran ante la disyuntiva histórica de decir la verdad o callar. Si bien el control económico es el principal mecanismo para censurar, inhibir o criminalizar a los comunicadores; hoy bajo un contexto de guerra, los que hacen periodismo de investigación se enfrentan a la violencia directa del Estado. Así, los comunicadores o ceden a los grades capitales y olvidan su tarea fundamental, o toman posición y no sólo se comprometen sino que se vinculan de manera más cercana con la investigación y difusión de los conflictos sociales, intentando, de manera orgánica, hacer frente a dicha violencia. La resolución a lo anterior no es sencilla, en muchos países del mundo, así como en México, la toma de una posición se ve influenciada por las distintas caras que adopta el capitalismo: gobierno, represión, crimen organizado, fuerzas paramilitares, entre otras.

Ante este panorama, para algunos periodistas, internet ha resultado una ventana para difundir mensajes noticiosos críticos que buscan mostrar la verdad sobre las injusticias perpetuadas por los poderosos. La internet, si bien ha abierto posibilidades que permiten dar difusión a los contenidos producidos por los actores de las distintas luchas sociales, también se enfrenta a las limitaciones que aún hoy representa su acceso para grandes sectores de la población. No obstante, la realidad ha demostrado que los impactos de la información que se difunde en la red han podido superar las limitaciones de su acceso, es decir, la internet se ha convertido en un espacio funcional para una diversidad de luchas así como para generar coordinación donde los contextos dificultan la libre reunión y organización.

Fragmentación y diversificación de los mensajes y contenidos mediáticos

Los medios de comunicación ya no son sólo medios de masas en su acepción tradicional, ya no producen y difunden un número limitado de mensajes dirigidos por igual a una masa de consumidores; hoy día el capital ha avanzado en la producción de multiplicidad de mensajes informativos dirigidos a varios grupos sociales y a un sinnúmero de grupos identitarios. Así, es posible ubicar que bajo la estructura centralizada de producción y flujo de información se ha construido una fragmentación de mensajes y contenidos, con lo que las audiencias y las fuentes informativas se han diversificado; ejemplos de ello son la multiplicidad de medios y fuentes informativas que pueblan la red. Esta tendencia a la diversificación se inscribe dentro de la lógica general del capitalismo contemporáneo que busca fragmentar cada vez más a la sociedad o, mejor dicho, que busca crear una diversidad creciente de mercados de consumo que le permitan vender mayor variedad y cantidad de mercancías.

Así, la fragmentación del discurso dominante en los mensajes emitidos por los medios de comunicación ha provocado también su diversificación, con lo que la construcción de una opinión publica homogénea y única tiende a ponerse en entredicho. Con todo, no debemos olvidar que tanto la fragmentación de los mensajes como su diversidad se producen y difunden bajo una estructura profundamente centralizada y jerarquizada la cual está en manos de las grandes empresas de la comunicación. Sin embargo, es importante destacar que la diversificación de los mensajes ha llegado a convertirse en una grieta que ha permitido visibilizar y difundir otras voces y sus luchas. En este sentido, queda como una tarea pendiente de las organizaciones, una vez identificadas las contradicciones, aprovechar las grietas que se generan en la comunicación, hacerlas más grandes y convertirlas en posibilidades reales de lucha.

Desarrollo tecnológico

Otro aspecto fundamental en estos procesos de comunicación es el desarrollo de la tecnología y su estrecha relación con los medios de comunicación. En la actualidad, la centralización de los medios de comunicación en manos de grandes empresas monopólicas ha propiciado avances significativos en lo referente a capacidades y desarrollo técnico, lo que ha permitido garantizar una rapidez mayor en la circulación de los flujos informativos; la internet resulta el ejemplo más evidente, aunque no es el único. Ahora bien, los avances tecnológicos pueden y deben ser aprovechados a nuestro favor para facilitar la comunicación y la articulación entre los de abajo, así como para construir nuestras propias herramientas y maquinaria de denuncia y combate. En este sentido, la llamada primavera árabe se presenta como un caso paradigmático que no admite, al igual que otros procesos, un análisis basado exclusivamente en el uso extendido de las tecnologías de la comunicación, aunque éstas se consideren un factor importante que no puede obviarse. Aún así, no debemos perder de vista que, como resultado del desarrollo del capitalismo, las tecnologías guardan una relación estrecha con los métodos productivos, de distribución, de consumo de mercancías y capitales y con los mecanismos de control que el Estado sostiene –espionaje, seguimiento, etc.– para garantizarlos. Consideramos que tener claro lo anterior es fundamental para poder contrarrestar los efectos negativos y potenciar su utilidad para los de abajo.

En suma, la posibilidad de comunicación y articulación entre los de abajo se puede potenciar con la apropiación de las tecnologías producidas para el beneficio de los dueños del dinero, así, es necesario hacer nuestros los conocimientos técnicos y usarlos para construir nuestras maquinarias de denuncia y combate. Antes de cerrar este apartado queremos enfatizar que en la apropiación de la tecnología de los grandes medios de comunicación no podemos olvidar el objetivo estratégico de tomar los medios, de expropiarlos y ponerlos bajo el control y el funcionamiento de las organizaciones populares, es decir, al servicio de los de abajo.

La realidad y la lucha de clases

No podemos dejar de mencionar que el principal elemento de contradicción al que se enfrentan los medios de comunicación al servicio de los de arriba es la realidad misma. Así, por más que los medios construyan un mundo imaginario en el que todo mejora o en el que si bien hay problemas estos se solucionarán con las grandes decisiones que desde arriba se toman, lo cierto es que la realidad social es conflictiva; por ello a diario suceden procesos de lucha que expresan las variadas crisis del capital, desde las luchas de los trabajadores en contra del trabajo precario hasta las resistencias de los pueblos que luchan contra el despojo de sus territorios. La lucha de clases exhibe a diario las mentiras que los medios de comunicación escupen desde arriba. La extensión y profundización de nuestras luchas son sin duda las mejores herramientas para luchar también contra el cerco informativo, pues como se sabe ellos no pueden, no han podido nunca, tapar el sol con un dedo.

Analizar la relación entre la realidad y la lucha de clases en torno al tema de la comunicación nos conduce al problema de situar cuáles serían las tareas que el pueblo y sus organizaciones podrían asumir para aprovechar las grietas producto de las contradicciones y del desarrollo histórico de la tecnología. En este panorama las posibilidades son diversas, algunos optarán por construir sus propios medios y así visibilizar sus luchas; otros diseñarán una estrategia de medios para llevar a las páginas de los periódicos su discurso y las razones de su lucha; otros más harán ambas cosas y las complementarán con otras tareas y acciones. Sin embargo, pensamos que es fundamental señalar que luchando se hace comunicación, es decir, que si nuestras luchas se profundizan y se masifican llegarán a ser noticia. Este es el argumento central.

A la luz de lo anterior puede comprenderse la cobertura que los medios masivos de comunicación realizan sobre ciertos procesos no como concesión y beneplacito de su parte, sino como un producto de la lucha de clases que tiene momentos y procesos que no pueden ocultarse. El argumento opuesto nos parece riesgoso, es decir, el binomio invertido puede llevarnos a la quietud y a conclusiones que dificultan los procesos de organización social. De este modo, plantear que “se hace comunicación para luchar” implica la toma de riesgos que si no son resueltos en la discusión colectiva nos llevan a cometer equívocos importantes.

En suma, podemos decir que el pueblo y sus organizaciones no hacen medios de comunicación para luchar a través de ellos sino que éstos son resultado de los procesos de lucha en tanto que tales medios resuelven problemas concretos de comunicación. Sobre este punto regresaremos más adelante, pues consideramos que es en este punto en el que los llamados medios libres, autónomos, anticapitalistas o como se llamen, han señalado grietas y posibilidades.

III. Los Medios Libres

Frente a la consolidación actual de los aparatos informativos al servicio de los grandes capitales, los Medios Libres surgen como un proyecto participativo, especializado en el uso y socialización de herramientas de comunicación para posicionar y visibilizar las luchas anticapitalistas. Los Medios Libres pueden analizarse de varias maneras: a partir de su historia y origen; de su estructura y carácter; o de su agenda, contenidos y vinculación con otros medios. Ahora bien, consideramos que los tres ejes arriba enunciados deben confluir en una caracterización política que atienda a sus posicionamientos políticos, su relación con los aparatos del Estado y su aporte a las luchas sociales. En este sentido, pensamos que la discusión va más allá de una “correcta definición teórica” de lo que es o no un medio libre, y por que por el contrario, ésta debe apuntar hacia una caracterización que contribuya al balance: de las tácticas, las estrategias y la contundencia de estos proyectos informativos en su relación con movimientos sociales en general.

Los Medios Libres encuentran algunos de sus referentes históricos más importantes en los movimientos sociales de finales del siglo XX, particularmente, en la organización de las protestas antineoliberales de Seattle y en la respuesta social de solidaridad y organización generada con el levantamiento del EZLN a nivel internacional, no obstante, es a lo largo de la década siguiente que éstos desarrollan su integración y consolidación por el papel que asumen dentro de las movilizaciones posteriores como acompañantes de diversos movimientos sociales; ejemplo de ello es su participación en La Otra Campaña, la APPO y el #YoSoy132, por mencionar algunos.

En este sentido, la coyuntura del #yosoy132, por citar un ejemplo, mostró la fuerza de los Medios Libres con lo que puso al descubierto la necesidad de fortalecerlos frente al cierre de filas que efectuaron el Estado y los grandes medios de comunicación. Así, además de este ejemplo encontramos que a partir de casos recientes como el del SME, el de Atenco, el de las Policías comunitarias, el de la reforma educativa, etc., los medios más progresistas han cobijado las experiencias de medios independientes como espacios capaces de adentrarse en coyunturas de las que son excluidos. A la par de este proceso, se ha visibilizado cómo las organizaciones apoyan cada vez más a los Medios Libres e comenzando incluso a construir sus propios medios de comunicación como uno de los brazos orgánicos de su estructura.

Así, para nosotros es claro que es en la lucha de clases y en el roce con la realidad en donde surgen los ML y su necesidad de consolidación y organización. Por ello, consideramos que debemos reconocerlos y cobijarlos como fruto de la experiencia y tradición de lucha de nuestros pueblos, pues en ellos se materializa parte de las lecciones que abajo hemos adquirido a lo largo de décadas y decenas de batallas.

IV. Comunicación y organización

El discurso dominante es consecuencia y reproducción de relaciones de explotación y opresión concretas cuestiones que no se combaten solamente con otro discurso, sino con la acción política. En este sentido, para encauzar la acción política es necesario que hagamos una autocrítica a nuestras posiciones y actos, de manera que esto nos permita aprender con quienes luchamos hombro a hombro, y también de los que han luchado antes. En este sentido, no basta señalar los errores del pasado, sino que hay que hacer un esfuerzo por comprender sus causas, sólo así podemos decir que hemos aprendido y que estamos haciendo camino. Pensamos que situar las contradicciones que enfrentamos nos ayudará a combatir sus causas y establecer mecanismos para crecer orgánicamente. Proponemos entonces algunos elementos para la discusión.

Ahora bien, creemos que en lo referente al tema tratado existe una serie de supuestos que parten de lo novedoso como criterio. En este sentido, entendemos que bajo el régimen de explotación capitalista neoliberal la ideología dominante ha aparentado una falta de continuidad histórica entre los sectores organizados promoviendo así el enjuiciamiento acrítico de las viejas formas de lucha por parte de las nuevas organizaciones. De este modo, desde arriba, se ha configurado un discurso que promueve el olvido y la desmemoria, la desvinculación, el sectarismo y el aislamiento. Ese enjuiciamiento acrítico alcanza también al discurso de la izquierda y moldea posiciones políticas de grupos cuyo trabajo se relaciona con el uso de nuevas herramientas tecnológicas y el alto grado de especialización que conllevan. En este sentido, un argumento trascendental por parte del discurso construido desde arriba y que tiende a reproducirse abajo es acusar un anacronismo político que identifica un aparente anacronismo tecnológico. Otro será el espacio para discutir si realmente se debe asumir y reivindicar esa diferencia entre las viejas y las nuevas formas de hacer política, pues lo que ahora nos ocupa es el señalamiento de que en un análisis de contundencia mediática y política no debemos dejar de visualizar las características propias de cada sector y de cada región al hacer comunicación.

Pensamos que tanto para los Medios Libres como para cualquier organización anticapitalista, el criterio para la construcción de nuestra maquinaria de denuncia y difusión no puede ser el parámetro anti-histórico de lo novedoso, antes bien los criterios deben basarse en el análisis de la realidad y el balance político. En ese sentido, resulta importante rescatar la historia propia y la de cada proceso, así, al hablar de los Medios Libres no se puede olvidar que con las primeras expresiones de la lucha de clases, en el marco capitalista, se gestaron también herramientas de agitación, difusión y vinculación informativa contra el capital y sus daños. Por ello, los panfletos y periódicos de la llamada vieja guardia deben usarse allí donde los contextos sociales lo exijan y donde nos aseguren mayor contundencia política, de la misma manera, las nuevas tecnologías deben incorporarse allí donde el análisis político arroje como resultado la pertinenecia de aplicarlas. Lo importante, pues, es el análisis y el no dar por hecho que las nuevas herramientas tecnológicas son mejores que las anteriores por el simple hecho de ser nuevas. Además de lo anterio, es una tarea fundamental caracterizar las contradicciones, situar sus implicaciones y combatir con organización el discurso ideológico que apuesta por el olvido y la desmemoria, por la desvinculación, el sectarismo y el aislamiento.

Así, consideramos que es necesario polititizar nuestras prácticas, sean novedosas o no, independientemente de su inmersión en los adelantos tecnológicos o su emergencia simbólica fresca, incluso asumiendo que el alto nivel de especialización es una posibilidad para ser más contundentes y más concretos.

Las agendas informativas

Si bien los Medios Libres han sido funcionales para dar voz a los explotados, ya sea desde el seno de los movimientos o de manera externa, la construcción de líneas editoriales y agendas que den continuidad y profundicen en el conflicto social exige la discusión y el posicionamiento político sobre los contenidos que se consideran importante para cubrir, pues, sin una construcción de acuerdos políticos se corre el riesgo de que las agendas y coberturas de los medios se vayan determinando por la coyuntura misma o mediante criterios meramente identitarios. Lo anterior representa un problema que inhibe la posibilidad de experiencias organizativas que tiendan a la organicidad programática con organizaciones anticapitalistas que enfrentan la embestida represiva del Estado, por mencionar sólo un ejemplo.

Así, de la mano de cierta noción de competencia contra los medios de comunicación al servicio del capital, se genera una tendencia a cubrir notas de casos locales, de cubrir mayormente los procesos de lucha social a los cuales los grandes medios no llegan. Sin embargo, bajo esta tendencia, se corre el riesgo de ignorar temas que, aún bajo la cobertura de los medios del capital, resultan de singular importancia para la sociedad en general y para las luchas populares en particular. El criterio para cubrir noticias no puede ser sólo la cobertura de lo alternativo y particular, sino también un criterio político que nos permita comprender la importancia de cubrir todos los conflictos sociales y valorar su incidencia en la realidad. Lo anterior, va de la mano con la asunción de la tarea de producir contenidos de análisis y no sólo la de difundir información, es decir, que aun cuando los medios de comunicación masiva llenen sus espacios con información sobre las reformas estructurales y algunos grandes procesos de movilización nacionales –la reforma energética, la reforma educativa y las movilizaciones de la CNTE,etc.–, ello no implica que la izquierda ya no deba hacerlo o que haya logrado formular un discurso coherente y de combate al respecto o que sólo deba dedicarse a hablar de lo que no cubren los medios de masas.

Atendiendo a lo anterior, consideramos que es igualmente relevante hablar de tales reformas desde los medios libres y para hacerlo es necesario que los ejercicios de investigación que estos realizan tengan la capacidad de enfrentar el discurso hegemónico. Así, se vuelves imprescindible contar con herramientas de formación política y de análisis teórico que permitan hacerlo.

Programas y articulación

Si bien los últimos cambios han generado nuevas experiencias que los Medios Libres han traducido en espacios de unidad cada vez más continuos, es importante advertir y problematizar la tendencia dominante, de carácter anti-organizativo, que privilegia algunos criterios identitarios y que llega a acusar a grandes organizaciones de largo-placistas, impositivas, homogéneas, teoricistas, ineficaces, etc.; esto en contraposición a la suma de fuerzas, de carácter más pragmático, que se basa mayormente en la cobertura como resultado inmediato que en cuestiones programáticas.

Actualmente, frente a la represión ejercida por el Estado en sus distintas facetas, los Medios Libres representan una amenaza para los que detentan el poder en tanto logran romper el cerco informativo, evidenciar las mentiras que desde arriba se arrojan y masificar la información acerca de los conflictos sociales. Así, la represión representa, independientemente de estar o no determinada por la agenda de dosificación de violencia propia del Estado, un continuo más allá de inmediatismos; ante lo cual, la única respuesta posible tendrá que estar articulada, unificada y contundente. Nos parece crucial construir desde la izquierda independiente y organizada junto con los ML, la hegemonía de los oprimidos. Por todo esto, es imperativo que se trabaje en la consolidación de espacios formativos y de discusión política lo cual se ha de concretar en espacios de articulación y de acción política que apunten hacía la construcción de un programa más contundente dentro de los Medios Libres y del movimiento social anticapitalista.

En conclusión, consideramos que los Medios Libres son una herramienta fundamental para contrarrestar a los monopolios que centralizan, controlan y ponen a los medios de comunicación al servicio del capital. Reconocemos pues que los ML además de que han avanzado en recuperar, para los de abajo los conocimientos técnicos necesarios para difundir nuestras voces se ha ocupado de construir mecanismos que masifiquen la cobertura de nuestras luchas. Sin embargo, sigue siendo necesario avanzar en la consolidación de proyectos que fortalezcan y permitan adquirir además de las nuevas herramientas técnicas, las herramientas políticas que guíen las reflexiones y acciones de los Medios Libres y de las organizaciones; sólo así se podrán agrandar las grietas, profundizar las contradicciones y avanzar de manera conjunta en la urgente lucha contra el capital.