La Telefonía Celular Comunitaria:

una propuesta para soñar y repensar los medios libres

Por Colectivo Rhizomatica | https://rhizomatica.org/
Texto publicado en la Revista Palabras Pendientes | "Comunicación y Organización Contra el Capital" número 12, Año 12, Noviembre 2016


Introducción

En marzo de 2013, en Villa Talea de Castro, una comunidad zapoteca de la Sierra Juárez de Oaxaca lanzó la primera red celular comunitaria en el mundo. Lo que sigue es la historia de la conversión de simples usuarios potenciales de servicios de telecomunicaciones en dueños comunales y proveedores de estos mismos servicios. El objetivo es entender cómo ese acto histórico en Talea representa un desafío al modelo hegemónico pues plantea una alternativa construida por los mismos sujetos.

Tomamos el caso de la falta de telefonía celular en Talea para mostrar cómo la lógica capitalista de corte neoliberal, que rige en México desde hace unas décadas, fracasa bajo sus propios términos. Talea es uno entre los miles de ejemplos de lugares en México en donde los residentes tienen necesidad de comunicarse pero no cuentan con la posibilidad de hacerlo porque las opciones existentes en sus localidades son demasiado caras o porque simplemente no hay servicios disponibles.

En este breve ensayo esperamos mostrar cómo la red comunitaria de Talea constituye una fuerza vital para transformar las instituciones y hacer visible aquello que había sido producido como no creíble (Escobar, 2009: 29); o más bien, entender esta experiencia como una “ampliación simbólica [que] es, en el fondo, una forma de imaginación sociológica que se enfrenta a un doble objetivo: por un lado, conocer mejor las condiciones de posibilidad de la esperanza; por otro, definir principios de acción que promuevan la realización de esas condiciones” (de Santos, 2006: 85). Debido al tema de esta colección de reflexiones, ofrecemos la telefonía autónoma como otro elemento más de lo que puede y debe considerarse un medio libre.

Contexto General

Dentro de un ámbito de reformas neoliberales en el país la disolución de Teléfonos de México (Telmex), como entidad estatal, fue anunciada por el presidente Carlos Salinas el 18 de septiembre de 1989; el 10 de diciembre de 1990 la empresa fue privatizada con lo que se señaló el momento más importante en la reestructuración del campo de las telecomunicaciones mexicanas en las últimas tres décadas. No sólo se traspasó a empresas privadas la propiedad del monopolio público telefónico sino que el gobierno otorgó a Telmex un monopolio privado al asignarle una concesión “maestra” para operar un conjunto de servicios y manufacturación de equipo.

Las consecuencias de este proceso de privatización y la falta de una regulación adecuada en el sector facilitaron que “el mercado mexicano de telecomunicaciones esté dominado por una sola compañía que tiene el 80% del mercado de telefonía fija y el 70% del de telefonía móvil. La deficiente competencia en este terreno ha dado por resultado una escasa penetración (suscriptores por cada 100 habitantes) en los mercados de telefonía fija, móvil y de banda ancha, lo que coloca a México en los lugares 34, 33 y 32, respectivamente, de los 34 países de la OCDE” (OCDE, 2009). En América Latina sólo Cuba y Bolivia tienen una penetración de telefonía móvil menor que México, donde 50,000 localidades carecen de este servicio.

Según la compañía más grande de telecomunicación móvil en México sus servicios cubren el 95% de la población, pero, si tomamos en cuenta sus mapas de cobertura encontramos enormes huecos en las zonas rurales del sur y norte del país, lo cual constituye una marginación y coloca en la orilla a millones de personas rurales que probablemente ya viven en condiciones de mayor aislamiento que los que habitan en lugares mas céntricos. En términos simples, esta situación atenta contra la libre expresión, la inclusión política y hasta la comunicación básica dentro de un mundo interconectado. El resultado de esta exclusión concertada es una negación de facto de la participación plena en la sociedad.

Esto también se puede entender a la inversa. Observando lugares donde grandes huecos de cobertura colindan con las costas (Baja California, Oaxaca, Guerrero, Quintana Roo, etc.) se hace evidente que donde hay turistas, habrá cobertura; sin embargo, los residentes de tales regiones, que viven a unos kilómetros de las zonas hoteleras, no tienen el derecho de comunicarse.

La manera en que las grandes empresas y el Estado han logrado mantener el status quo injusto y mediocre es a través del secuestro del espectro radioeléctrico. Haciendo un análisis superficial del Cuadro Nacional de Atribución de Frecuencias de México se observa que sólo el 0.14% de todo el espectro radioeléctrico útil para las telecomunicaciones es de uso libre; 446 mHz de un total de casi 300,000 mHz.

Una solución (sub)alternativa

Es desde este análisis del contexto actual en México que surge Rhizomatica en el año 2010, para repensar la telefonía como herramienta de comunicación comunitaria. Rhizomatica es un pequeño grupo de aficionados a la tecnología, comunicadores y promotores comunitarios, que comenzó a promover la aplicación de nuevas tecnologías a los problemas de comunicación de los pueblos con el objetivo de aumentar el acceso a las telecomunicaciones móviles.

Con la invitación de varios comunicadores indígenas oaxaqueñ@s, Rhizomatica empieza su trabajo en la Sierra Juárez donde, durante más de diez años, las comunidades serranas han estado pidiendo al gobierno y a las compañías la instalación de servicios de telefonía celular en sus comunidades.

La experiencia de la Sierra Juárez ofrece un campo fértil para estudiar cómo generar un modelo de comunicación telefónica que refuerce la autonomía de las localidades y contribuya al desarrollo de los objetivos y visiones de vida de los serranos. También, sirve como invitación para repensar los elementos presentes y posibles bajo la bandera de los medios libres y cómo ellos pueden convivir y combinar nuevas propuestas comunicacionales.

En muchos casos, especialmente en los países donde se impone la tecnología como parte de un paquete integral de reformas para alcanzar una “sociedad racionalizada”, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) actúan como vehículos para la introducción de la lógica del mercado y el individualismo. Además, a pesar de la penetración casi total (de manera directa o indirecta) de las redes digitales en la vida cotidiana de la población urbana, en los últimos años se ha construido un aparato de vigilancia sin precedente en la historia del mundo que atenta contra los derechos fundamentales de todos. Por lo tanto, se requiere de un esfuerzo tanto teórico como práctico para repensar las tecnologías incipientes y ponerlas al servicio de las comunidades rurales e indígenas de manera que éstas refuercen su autonomía y formas de asociación pero sin el bagaje negativo que normalmente dichas tecnologías conllevan.

El primer paso, según nosotros de Rhizomatica, empieza con la misma tecnología. Las grandes corporaciones de telecomunicaciones –los que venden los equipos, los que compran y operan estos equipos–, han creado un ambiente en donde se promueven estándares intencionalmente opacos y soluciones tecnológicas de patente, y un fuerte lobby político a nivel internacional y nacional que imposibilita la entrada de nuevos actores en el escenario. La buena noticia es que desde hace tres o cuatro años existen tecnologías de bajo costo, basadas en el conocimiento libre y el software de código abierto, que permiten administrar un sistema de telefonía celular integral desde una computadora personal sin necesidad de ser ingeniero en telecomunicaciones. [1]

Gracias a esta revolución tecnológica, es posible el lanzamiento de redes comunitarias. Rhizomatica en conjunto con las autoridades comunitarias de Talea de Castro y la participación de cientos de ciudadanas y ciudadanos, a través de asambleas inclusivas, plantearon diseñar un modelo con y desde los sujetos rurales mexicanos. Las conclusiones de esta tarea fueron un conjunto de valores que se deben respetar e implementar acerca del manejo, modalidad de propiedad y del acceso a las redes comunitarias, lo que puede reproducirse en cualquier comunidad rural de México.

El objetivo primordial de ese esfuerzo fue garantizar acceso a la red y en consecuencia a la comunicación. Para facilitar el acceso la primera tarea fue acordar la modalidad de propiedad que se iba a usar, en otras palabras ¿quién es o debe ser el “dueño” de la red? y ¿qué implicaciones tiene esa decisión para el acceso a ella?

Para evitar que sólo unos cuantos actores se apropiaran de la red para sus propios fines, se decidió que el equipo se compraría con fondos públicos y que fuera propiedad comunal, es decir, de todos y todas los miembros del pueblo.

Partiendo de una red de propiedad comunal se tuvo que decidir sobre el precio menor que se puede cobrar a los pobladores usuarios/dueños por acceder a la red que permita su auto-sostenibilidad económica. [2] Con estos temas existenciales consensuados, surgieron infinidad de detalles en torno a la operación, numeración y administración, entre otros que hemos ido superando en conjunto.

El éxito del proyecto para facilitar la comunicación bajo criterios definidos localmente es evidente. Sin embargo, como es el caso de muchos proyectos que articulan y hacen realidad una alternativa, el impedimento más grande reside en las políticas públicas y leyes nacionales que responden a otros imperativos. En una carta (2012), se hizo una petición formal a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes por parte de más de 30 autoridades municipales y comunales indígenas que reclamaban el acceso a las frecuencias legitimando su argumento sobre las bases jurídicas aplicables de la Constitución de México y de la Ley Federal de Telecomunicaciones. La petición fue rechazada porque las frecuencias operan por zonas compuestas de múltiples estados que asegura que no se fragmente la banda lo que imposibilita la operación de una red celular a pequeña escala. Pese a ello, se logró obtener una concesión experimental de dos años a través de una Asociación Civil constituida por las mismas comunidades que abarca los estados de Oaxaca, Guerrero, Puebla, Tlaxcala y Veracruz. Ahora [2016], esto se ha convertido en una concesión permanente que cubre al estado de Chiapas, aunque ya no a Tlaxcala.

Conclusión

Mas allá de los beneficios transitorios que trae una comunicación más eficiente y económica, la experiencia de la telefonía celular comunitaria en la Sierra Juárez es una invitación a cuestionar los supuestos acerca de la tecnología y su rol en el desarrollo social, además de representar un ejercicio importante de apropiación del espectro como bien común y un rechazo al actual sistema de acumulación, así, representa una posibilidad a favor de la comunalidad en cada pueblo donde se ha levantado una red autónoma.

A primera vista, esta experiencia es un ejemplo de cómo las “tecnologías apropiadas […] desafían a la sociedad tecnológica […] unen medios y fines y se vuelven modelo de la sociedad por venir” (Esteva, 2009: 5). Pero parece ser mucho más que eso. Entonces, ¿qué significado más profundo tiene el hecho de que estas redes independientes se empiecen a interconectar sin pasar por la infraestructura de las grandes compañías? Además de que las grandes redes comerciales son negocio y cobran una cantidad desproporcionada de dinero, también se han convertido en aparatos de vigilancia y control irrumpiendo en los territorios y espacios como rutas neo-coloniales a través de las cuales se saquean datos personales, se dan pautas de conducta y se introducen ideas consumistas y lógicas ajenas. Sin caer en romanticismos, podemos decir que es bastante potente el hecho de que las telecomunicaciones autónomas sean una declaración meta sobre quien y cómo se ejerce dominio en su territorio.

Para entender mejor cómo ese ejemplo de praxis abre el horizonte de posibilidades tenemos que empezar en el campo simbólico. Es desde los sueños y esperanzas de los mismos sujetos que se construyen nuevas propuestas y proyectos de comunicación. Es ahí donde nacen, se fortalecen y conviven los pequeños aportes que, como trabajo de hormiga, hacen posible un mejor mundo.

Como ha dicho Erick Huerta Velásquez, uno de los miembros del colectivo Rhizomatica:

Los pueblos indígenas no van a renunciar a su derecho a soñar y a hacer realidad sus sueños. Como lo muestra el servicio de telefonía de Talea de Castro, Oaxaca, hoy son capaces de organizarse para acceder a tecnología de punta adecuada a sus necesidades, formar complejas redes para fortalecerse, establecer alianzas para difundir contenidos y utilizar las frecuencias disponibles en sus comunidades. Al hacerlo están ejerciendo un derecho, la ley puede apoyarlos o contraponerse, pero nunca logrará detenerlos (Jornada del Campo, 2013: 19).

Notas

[1] Un equipo para proveer señal celular a una comunidad o pueblo completo cuesta alrededor de $90,000 MNM, lo cual representa 1% del costo para las grandes compañías usando tecnologías de patente para hacer lo mismo.

[2] Realmente se habla de una cuota de recuperación que la comunidad cobre a los usuarios, o sea, a sí mismo, para gastos operativos y amortizar la inversión inicial de adquisición del equipo de red.

Bibliografía

  • Autoridades municipales y comunales indigenas de la Sierra Juarez de Oaxaca (2012), Carta: dirigida a la Secretaria de Comunicaciones y Transportes, 18 de junio.
  • Cuadro nacional de atribución de frecuencias. Comisión Federal de Telecomunicaciones. Estados Unidos Méxicanos.
  • De Santos, Boaventura, 2006, Conocer desde el Sur. Para una cultura política emancipatoria, Venezuela, Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales, UNMSM, Programa de Estudios sobre Democracia y Transformación Global.
  • Esteva Gustavo (2009) “Más allá del desarrollo: la buena vida”, en ALAI, América Latina en movimiento: la agonía de un mito: ¿Cómo reformular el desarrollo?, Ecuador, Agencia Latinoamericana de Información.
  • Escobar Arturo (2009) “Una minga para el posdesarrollo” en ALAI, América Latina en movimiento: la agonía de un mito: ¿Cómo reformular el desarrollo?, Ecuador, Agencia Latinoamericana de Información.